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El Sol baña nuestro planeta con luz y calor, necesarios para la vida, pero también nos bombardea con peligrosas partículas cargadas de viento solar. Nuestro campo magnético nos protege en gran medida de este aluvión, pero como sucede con muchas relaciones, esta también es complicada. Gracias a la misión Swarm de la ESA, ahora conocemos con más detalles que nunca la naturaleza de esta interacción Tierra-Sol.

El campo magnético terrestre es como una gran burbuja que nos protege de la radiación cósmica y las partículas transportadas por los potentes vientos que escapan de la atracción gravitacional del Sol y atraviesan el Sistema Solar.

El trío de satélites Swarm fue lanzado en 2013 para ayudarnos a comprender mejor cómo se genera ese campo y cómo nos protege del bombardeo de partículas cargadas.

Como nuestro campo magnético está generado principalmente por el océano de hierro líquido que conforma el núcleo externo del planeta, podría asemejarse a una barra imantada de cuyos polos emergen las líneas de campo.


Aurora boreal

El campo es muy conductivo y arrastra las partículas cargadas que fluyen a lo largo de estas líneas, generando corrientes alineadas con el campo.

Con una potencia eléctrica de hasta 1 TW, unas seis veces la cantidad de energía producida al año por las turbinas eólicas en Europa, estas corrientes son la forma de transferencia energética dominante entre la magnetosfera y la ionosfera.

El resplandor verde y violáceo de las auroras en las regiones polares es una manifestación visible de la energía y las partículas que se desplazan por las líneas del campo magnético.

La teoría sobre el movimiento y el intercambio entre el viento solar y nuestro campo magnético se remonta más de cien años y, más recientemente, la red de satélites del Experimento de Respuesta Electrodinámica Planetaria y Magnetosférica Activa (AMPERE) ha permitido a los científicos estudiar corrientes alineadas con el campo a gran escala.

No obstante, la misión Swarm está dando lugar a una ola de descubrimientos de gran interés. Un nuevo artículo explora la dinámica de esta interacción energética a través de distintas escalas espaciales... y demuestra que la clave está en los detalles.

Como señala Ryan McGranaghan, del Laboratorio de Propulsión a Reacción (JPL) de la NASA: “Entendemos bien cómo estas corrientes intercambian energía entre la ionosfera y la magnetosfera a grandes escalas, por lo que habíamos asumido que las corrientes a menor escala presentarían el mismo comportamiento, pero transportando proporcionalmente menos energía”.

“Gracias a Swarm hemos podido estudiar con más detenimiento estas corrientes menores y ver que, en determinadas condiciones, esto no es así”.


La turbulenta superficie de nuestra estrella

“Nuestros descubrimientos muestran que estas corrientes menores transportan una cantidad de energía significativa y que su relación con las corrientes mayores es muy compleja. Además, las corrientes grandes y pequeñas afectan a la magnetosfera-ionosfera de manera distinta”.

Por su parte, Colin Forsyth, del University College London, apunta que “como las corrientes eléctricas alrededor de la Tierra pueden interferir con los sistemas de navegación y telecomunicaciones, este es un descubrimiento de gran importancia”.

“También nos permite comprender mejor la relación entre el Sol y la Tierra y cómo su interacción puede acabar añadiendo energía a nuestra atmósfera”.

“Los nuevos hallazgos pueden utilizarse para mejorar nuestros modelos, de forma que podamos comprender mejor y, en última instancia, prepararnos mejor para las posibles consecuencias de una tormenta solar”.


Constelación Swarm

Rune Floberghagen, responsable de la misión Swarm de la ESA, añade: “Desde el comienzo de la misión, hemos llevado a cabo proyectos para estudiar el intercambio energético entre la magnetosfera, la ionosfera y la termosfera”.

“Pero ahora estamos siendo testigos de un cambio radical en nuestra forma de entender cómo la Tierra responde e interactúa con los fenómenos solares”.

“De hecho, la investigación científica se está convirtiendo en un pilar fundamental para la ampliación de la misión Swarm, precisamente porque está abriendo nuevos caminos y, al mismo tiempo, tiene una fuerte relevancia social. Ahora es el momento de explotar ese potencial de Swarm al máximo”.



 esa


Dos nuevos estudios que emplean datos obtenidos con el observatorio de rayos X Chandra y otros telescopios de la NASA evidencian que el crecimiento de los mayores agujeros negros del Universo está superando la tasa de formación de estrellas en las galaxias en las que están situados.

Durante muchos años, los astrónomos han obtenido datos sobre la formación de estrellas en las galaxias y del crecimiento de los agujeros negros supermasivos (es decir, aquellos que tienen masas de millones o miles de millones de veces la del Sol) situados en sus centros. Estos datos sugerían que los agujeros negros y las estrellas en sus galaxias anfitrionas crecían a la vez.

Hoy, los resultados de dos grupos de investigadores independientes señalan que los agujeros negros de las galaxias masivas han crecido mucho más rápidamente que en las menos masivas.

“Estamos intentando reconstruir una carrera que empezó hace miles de millones de años” dice Guang Yang de la Penn State University que ha dirigido unos de los estudios. “Estamos empleando datos extraordinarios obtenidos con diferentes telescopios para entender como se desarrolla esta competición cósmica”.

Empleando grandes cantidades de datos del observatorio de rayos X Chandra de la NASA, el Telescopio Espacial Hubble y de otros observatorios, Yang y sus colaboradores han estudiado la tasa de crecimiento de los agujeros negros de las galaxias a distancias entre los 4.300 y 12.200 millones de años luz de la Tierra. Los datos de rayos X incluían los publicados en el Chandra Deep Field-South & North y en el COSMOS-Legacy.

Los científicos calcularon la relación existente entre la tasa de crecimiento de un agujero negro supermasivo y la de crecimiento de las estrellas en la galaxia anfitriona. Una idea común es que esta relación era aproximadamente constante en todas las galaxias.

En contra, Yang y sus colaboradores encontraron que esta proporción es mucho mayor para las galaxias más masivas. Para las galaxias que contienen unas 100 mil millones de masas solares de estrellas, la proporción es aproximadamente diez veces superior a la de las galaxias que contienen del orden de 10 mil millones de masas solares de estrellas.

“Una pregunta obvia es: ¿Por qué?”, señala el co-autor del trabajo Niel Brandt, de la Penn State University. “Quizás las galaxias masivas son más efectivas a la hora de alimentar con gas frío a sus agujeros negros supermasivos centrales que las menos masivas”.

Otro grupo de científicos halló, de forma independiente, que el crecimiento de los agujeros negros más masivos ha superado al de las estrellas en sus galaxias anfitrionas. Mar Mezcua, del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE, CSIC) y del Institut d’Estudis Espacials de Catalunya (IEEC) y sus colaboradores estudiaron agujeros negros en algunas de las galaxias más brillantes y masivas del Universo. Estudiaron 72 de ellas ubicadas en el centro de cúmulos de galaxias que se encuentran a distancias en torno a 3.500 millones de años luz de la Tierra. El estudio empleó datos de rayos X procedentes de Chandra y datos en las longitudes de onda de
radio del Australia Telescope Compact Array, del Karl G. Jansky Very Large Array y del Very Long Baseline Array de Estados Unidos.

Mar Mezcua y sus colaboradores estimaron las masas de los agujeros negros de estos cúmulos de galaxias empleando una conocida relación entre las masa de un agujero negro y la emisión en radio y rayos X asociada a él. Hallaron que las masas de los agujeros negros eran diez veces mayores que las estimadas por otro método que asumía que los agujeros negros y sus galaxias crecían a la vez.

“Hemos hallado agujeros negros que son mucho más grandes de lo que esperábamos”, dijo Mar Mezcua. “Quizás empezaron antes la carrera para crecer o, quizás, han tenido una ventaja en su velocidad de crecimiento que ha durado miles de millones de años”.

Los investigadores se encontraron con que casi la mitad de los agujeros negros de su muestra tenían unas masas de, como mínimo, 10 mil millones de veces la masa del Sol, lo que los sitúa en una categoría de masa extrema que algunos astrónomos denominan agujeros negros “ultramasivos”.

“Sabemos que los agujeros negros son objetos extremos”, dice la coautora Julie Hlavacek-Larrondo de la Universidad de Montreal, “por lo que posiblemente no sorprenda que los ejemplos más extremos rompan las reglas que pensábamos que deberían seguir”.

El trabajo de Mar Mezcua y colaboradores ha sido publicado por la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (MNRAS) este febrero y se encuentra disponible en línea (https://arxiv.org/abs/1710.10268). El artículo de Yang et al. ha sido aceptado y se publicará en el número de abril de la misma revista (también se encuentra disponible en línea: https://arxiv.org/abs/1710.09399).

El Centro de Vuelos Espaciales Marshall de la NASA en Huntsville, Alabama, gestiona el programa Chandra para la Dirección de la Misión de Ciencia de la NASA en Washington. El Smithsonian Astrophysical Observatory de Cambridge, Massachusetts, controla las operaciones de ciencia y vuelo de Chandra. 



IEEC

¿Cómo reaccionaríamos ante el posible hallazgo de vida extraterrestre? Una investigación desmiente a Hollywood: probablemente no habría una ola de pánico.







Cuando Orson Welles emitió en 1938 su adaptación de La guerra de los mundos, de H.G. Wells, no se esperaba que causaría tamaño revuelo. La supuesta noticia de un contacto (hostil) con una raza extraterrestre supuso un duro golpe para la tranquilidad de los habitantes de este pequeño planeta. Las comisarías de Nueva York se colapsaron con ciudadanos aterrorizados y confundidos por la emisión de radio. ¿Pasaría lo mismo si se repitiese un programa similar? ¿Cómo reaccionaríamos ante la posibilidad de encontrar vida extraterrestre? Nunca hemos estado tan cerca de descubrir que no estamos solos. ¿Qué consecuencias tendría un hipotético hallazgo en nuestra sociedad? 

"Hola, terrícola"

En Independence Day, cientos de personas se reúnen bajo las enormes naves nodrizas alienígenas para darles una cálida y estúpida bienvenida que acaba con un desastroso color azul. Y lo más curioso es que probablemente es una estampa bastante realista de nuestra actitud hacia el posible contacto con extraterrestres.

No nos referimos a la posibilidad de que una raza tecnológicamente superior venga a conquistarnos, algo que es más materia de ciencia ficción. Hablamos de cómo reaccionaríamos. Desde el pánico ocasionado por Welles hasta la docilidad cruel, vista en la película, hay un espectro enorme de posibilidades. 

 
Este es O. Welles durante la emisión de "La guerra de los mundos" adaptada.

Un reciente estudio realizado por Michael Varnum, profesor de Psicología de la Universidad Estatal de Arizona, analiza esta inusual situación. La investigación, publicada en Frontiers in Psychology, trata de diseccionar la reacción que tendría la gente al recibir la noticia de que hemos sido capaces de detectar vida extraterrestre.

"Si nos encontráramos cara a cara con la vida fuera de la Tierra, en realidad seríamos muy optimistas al respecto", explica Varnum. "Siempre ha habido mucha especulación sobre cómo responderíamos a este tipo de noticias, pero hasta ahora no se ha realizado casi ninguna investigación empírica sistemática", apunta. 

Analizando el lenguaje

Para llevar a cabo su estudio piloto, el investigador analizó el lenguaje usado en noticias de periódicos y otras publicaciones donde se hablaba de potenciales descubrimientos de vida extraterrestre. Entre ellos están el hallazgo en 1996 de posibles restos fosilizados de microbios marcianos, la inquietante estructura de la "Estrella de Tabby", que tanto ha dado que hablar, o el descubrimiento de cientos de nuevos exoplanetas.

Para hacerlo, este investigador ha usado un software especializado que es capaz de encontrar patrones emocionales y sentimientos propios de los estados psicológicos del escritor. Estos programas usan complejos algoritmos de machine learning para poder llevar a cabo esta difícil tarea. 

 
Crédito: ESO/M. Kornmesser

El resultado del análisis muestra que los textos tienen un carácter más positivo que negativo, mostrando expresiones y palabras que van en ese sentido. Para poder afianzar más sus resultados, el equipo realizó un estudio separado en el que pidió a más de 500 participantes diferentes que describieran sus propias reacciones y la respuesta hipotética de la humanidad ante el anuncio de que se hubiera descubierto la vida microbiana extraterrestre.

Las respuestas de los participantes fueron en la misma línea que las noticias: significativamente (una palabra que en ciencia indica análisis estadístico) más emociones positivas que negativas, tanto al hablar de sus propias reacciones como las de la humanidad en su conjunto. 

El caso Welles fue una excepción

En un tercer estudio, el grupo de Varnum analizó a otras 500 personas, preguntándoles sobre noticias pasadas de descubrimientos científicos. Entre ellas se encontraban el descubrimiento de vida microbiana extraterrestre y el desarrollo de organismos sintéticos. Como esperaban, las noticias sobre vida extraterrestre fueron recibidas con una actitud muy positiva.

El hipotético contacto con seres extraterrestres se valoró mejor que las noticias sobre vida creada en el laboratorio

Sin embargo, lo más sorprendente es que se valoraron mejor que las noticias sobre biología sintética, es decir, sobre vida creada en el laboratorio. Este hallazgo por sí solo no dice nada. Pero en conjunto, esta pieza parece bastante interesante ya que nos ayuda a entender mejor el cuadro completo uniendo sus conclusiones a las obtenidas en el resto de investigaciones de Varnum, que presenta hoy los trabajos en el congreso de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia.

Los resultados del último estudio analizan además la cobertura reciente de los medios sobre la posibilidad de que el asteroide interestelar 'Oumuamua sea en realidad una nave espacial. Aquí también el equipo encontró evidencia de más emociones positivas que negativas, lo que sugiere que también podemos reaccionar mucho mejor de lo que pensamos a la hipotética noticia sobre la existencia de seres inteligentes en otras partes del universo.



"En conjunto, todo esto sugiere que si descubrimos que no estamos solos, tomaremos las noticias bastante bien", comenta Varnum. Y es que parece que la reacción a la noticia de Welles fue un poco excesiva. Probablemente esto se deba no al imaginario contacto con vida extraterrestre, sino, más bien, a la "pequeña" cuestión de los rayos de calor y las nubes venenosas a los que hacía referencia La guerra de los mundos.

A pesar de las deleznables muestras de xenofobia y otras manifestaciones de rechazo, lo cierto es que los seres humanos, como otros primates, tendemos a ser bastante tolerantes con otros seres vivos. Incluso entusiastas. Lo que tal vez explique la satisfacción que nos generaría el saber, al fin, que no estamos solos en el universo.


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Se cumplen tres décadas de la muerte de uno de los científicos más influyentes de todos los tiempos. Recordemos las palabras más interesantes que nos dejó.




Tal vez sólo las personas a las que les interesa verdaderamente el desarrollo científico y el pensamiento escéptico sepan quién fue el neoyorkino Richard Feynman, físico teórico del Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad de Princeton, ganador del premio Nobel en 1965, al que se conoce sobre todo por su trabajo en mecánica y electrodinámica cuánticas, por formular los principios de la nanotecnología, por su participación en el Proyecto Manhattan para producir la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial y en la Comisión Rogers, encargada de esclarecer el desastre del transbordador espacial Challenger en 1986, por su obra como divulgador de su área y por su ateísmo declarado.

"Hay que tener la mente abierta, pero no tanto como para que se te caiga el cerebro"

Dos extraños tipos de cáncer, un liposarcoma y una macroglobulinemia de Waldenström, acabaron con su vida el 15 de febrero de 1988, justo tres décadas atrás, y se supone que sus últimas palabras recogidas fueron estas: “No me gustaría morir dos veces; es tan aburrido…”. Pero no son las únicas que nos dejó para el recuerdo en los sesenta y nueve años que estuvo paseando su serena lucidez por el mundo, sino que hay muchas otras suelen citarse y que también circulan por las redes como indicativo de por qué en los resultados de una encuesta de la revista británica Physics World, realizada en 1999, aparece entre los diez físicos más importantes de la historia.

Por ejemplo, algo tan fundamental como lo que va a continuación, que tal vez deberían tatuarse en una zona corporal bien visible todos aquellos que navegan jovialmente por las procelosas aguas de los disparates pseudocientíficos y del pensamiento mágico: “El principio de la ciencia, casi la definición, es el siguiente: «La prueba de todo conocimiento es el experimento». El experimento es el único juez de la verdad científica”. Porque, según él, “hay que tener la mente abierta, pero no tanto como para que se te caiga el cerebro”, y “capacidad experimental, honestidad en la publicación de los resultados e inteligencia para interpretarlos”, pues “hay que demostrar nuestras equivocaciones lo más rápido posible; es la única manera de avanzar”.

 
Lab.CCCB.org 

"Lo que necesitamos es imaginación, pero imaginación encorsetada en la terrible camisa de fuerza que es el conocimiento"

Como defensor insobornable del pensamiento crítico, Feynman sabía que “lo que necesitamos es imaginación, pero imaginación encorsetada en la terrible camisa de fuerza que es el conocimiento”, que “no importa cuán hermosa sea tu conjetura, no importa cuán inteligente seas, quién hiciese la conjetura o cómo se llame. Si no está de acuerdo con el experimento, está mal”. No obstante, desconocía “lo que le pasa a la gente: no aprenden comprendiendo, aprenden de alguna otra forma, por la rutina o de algún otro modo. ¡Qué frágil es su conocimiento!”. Y se demostró capaz de comprender, en una muestra de humildad bien entendida, que “cuando un científico examina problemas no científicos, puede ser tan listo o tan tonto como cualquier prójimo, y de que cuando habla de un asunto no científico, puede sonar igual de ingenuo que cualquier persona no puesta en la materia”.

Si bien no le preocupaba, y como ateo sin la avidez exigente de que le tranquilizasen con maravillas de la revelación religiosa, se pudo tomar la incertidumbre de la vida humana con paradójica sabiduría y sosiego absoluto: “No debo tener una respuesta. No me siento aterrorizado por no conocer cosas, por estar perdido en este misterioso universo sin tener ningún propósito, que es el modo en que la realidad es, hasta donde puedo decir, posiblemente. Esto no me aterra”. Sin embargo, su conocimiento firme tampoco se podía poner en duda: “Para aquellos que no conocen las matemáticas, es difícil sentir la belleza de la naturaleza… Si quieren aprender sobre la naturaleza, apreciar la naturaleza, es necesario aprender el lenguaje en el que habla”.

"La física es a las matemáticas lo que el sexo a la masturbación"

Con una comparación risueña, consideraba por otra parte que “la física es a las matemáticas lo que el sexo a la masturbación”, pues “la física es como el sexo: seguro que da alguna compensación práctica, pero no es por eso por lo que la hacemos”. Y, pese a que el bueno de Feynman se comunicase con la naturaleza casi de tú a tú entonces, no se engañaba al respecto, y decía que “la mecánica cuántica describe la naturaleza como algo absurdo para el sentido común, pero concuerda plenamente con las pruebas experimentales”; y remataba: “Espero que ustedes puedan aceptar la naturaleza tal y como es: absurda”. Porque “las cosas más importantes de la naturaleza parecen ser resultado del azar o de los accidentes”, y “ni siquiera la propia naturaleza sabe qué camino va a seguir un electrón”. 

 
WashingtonPost.com 

"No me parece que este universo fantásticamente maravilloso pueda simplemente ser un escenario para que Dios vea a los seres humanos luchar por el bien y el mal"

Con su mente despejada, dijo sin contemplaciones: “No me parece que este universo fantásticamente maravilloso, esta tremenda gama de tiempo y espacio y diferentes tipos de animales, y todos los distintos planetas, y todos estos átomos con todos sus movimientos, etcétera, todo esto interconectado pueda simplemente ser un escenario para que Dios vea a los seres humanos luchar por el bien y el mal, que es la visión que tiene la religión. El escenario es demasiado grande para el drama”. Y es que “Dios siempre ha sido inventado para explicar misterios. A Dios siempre se lo inventa para explicar esas cosas que no entiendes. Ahora, cuando finalmente descubres cómo funciona algo, obtienes algunas leyes que le estás quitando a Dios; ya no lo necesitas más”.

Desde luego, no se andaba con circunloquios al abordar estas cuestiones. He aquí otro ejemplo pertinente: “La observación que leí en alguna parte, que la ciencia está bien siempre y cuando no ataque a la religión, fue la clave que necesitaba para comprender el problema. Mientras no ataque a la religión, no es necesario prestarle atención y nadie tiene que aprender nada”. Ni al referirse al tratamiento de las ciencias en el arte: “¿Qué hombres son poetas que podrían hablar de Júpiter si fuera un hombre, pero si es una inmensa esfera giratoria de metano y amoníaco deben permanecer en silencio?”. O a la filosofía vital de tres al cuarto: “Una persona habla con tales generalidades que todos pueden entenderlo y se considera una filosofía profunda. Sin embargo, me gustaría ser mucho más especial y ser entendido de una forma honesta, no de una forma vaga”.

“¿Qué hombres son poetas que podrían hablar de Júpiter si fuera un hombre, pero si es una inmensa esfera giratoria de metano y amoníaco deben permanecer en silencio?"

Aunque, “demonios, si pudiera explicárselo a la persona promedio, no hubiera valido la pena el premio Nobel”. Y no eso solamente: “Creo que puedo decir con seguridad”, afirmó un día de asombro público, “que nadie entiende la mecánica cuántica”. Sin embargo, por encima de las dificultades numerosas y de la incomprensión reinante, su compromiso ilustrado no se alteró ni un tanto así: “Es responsabilidad nuestra hacer lo que podamos, aprender lo que podamos, mejorar las soluciones y transmitirlas a nuestros sucesores”, aseguraba. “Es responsabilidad nuestra dejar la manos libres a las generaciones futuras”. Y prosiguió de esta forma: “Es nuestra responsabilidad como científicos, sabiendo el gran progreso que proviene de una filosofía satisfactoria de la ignorancia, el gran progreso que es fruto de la libertad de pensamiento, para proclamar el valor de esta libertad, para enseñar cómo la duda no debe temerse sino ser bienvenida y debatida, y exigir esta libertad como nuestro deber para todas las generaciones venideras”. Las mismas generaciones que, de verdad, estamos y estaremos siempre en deuda con el gran Richard Feynman.



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El Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) realizó observaciones en alta resolución que permitieron obtener imágenes de un toroide de gas y polvo que gira alrededor de un agujero negro supermasivo. La existencia de estas estructuras toroidales giratorias se había predicho décadas atrás, pero esta es la primera vez que se confirma con tanta seguridad. Se trata de un importante avance para entender la coevolución de los agujeros negros supermasivos y sus galaxias huéspedes.

 Representación artística del toroide de polvo y gas que rodea el agujero negro supermasivo. ALMA reveló la rotación del toroide con mucha precisión por primera vez. (Créditos: ALMA (ESO/NAOJ/NRAO))

Casi todas las galaxias esconden enormes agujeros negros en su centro. Hacía tiempo que los investigadores sabían que mientras más masiva fuera una galaxia, más masivo sería su agujero negro. Suena lógico a primera vista, pero, considerando que las galaxias huéspedes son hasta 10.000 millones de veces más grandes que sus agujeros negros, es muy difícil que dos objetos de tamaños tan diferentes afecten directamente el uno al otro. De ahí la siguiente pregunta: ¿cómo puede desarrollarse semejante relación?

Con el fin de aclarar el misterio, un equipo de astrónomos aprovechó la alta resolución de ALMA para observar el centro de la galaxia espiral M77. Se trata de un núcleo galáctico activo, o AGN en su sigla en inglés, donde el agujero negro supermasivo recibe un rápido flujo de materia que emite una intensa luz. Como son capaces de afectar su entorno, estos núcleos galácticos activos son una pieza clave para dilucidar el misterio de la coevolución de las galaxias y los agujeros negros.

Los astrónomos produjeron una imagen del área que rodea el agujero negro supermasivo de M77 y revelaron una compacta estructura de gas con un radio de 20 años luz. De esa forma, descubrieron que la estructura de gas gira alrededor del agujero negro, tal como habían previsto.

“Para interpretar varios aspectos de la observación de los núcleos galácticos activos, los astrónomos supusieron la existencia de toroides giratorios de gas alrededor de los agujeros negros supermasivos activos. Esto se conoce como ‘modelo unificado’ del AGN”, explica Masatoshi Imanishi, del Observatorio Astronómico Nacional de Japón, quien firma como autor principal un artículo publicado en The Astrophysical Journal Letters. “Sin embargo, el toroide de gas es diminuto. Gracias a la resolución de ALMA, ahora podemos ver directamente la estructura”.

Muchos astrónomos habían observado el centro de M77 antes, pero nunca se había visto con tanta claridad el movimiento giratorio del toroide de gas alrededor del agujero negro. Además tener una capacidad de resolución superior, ALMA permite aislar las líneas de emisión molecular, lo cual fue fundamental para revelar la estructura. El equipo observó emisiones de microondas características de las moléculas de ácido cianhídrico (HCN) y del ión formilo (HCO+). Estas moléculas emiten microondas solo en presencia de gas denso, mientras que el monóxido de carbono (CO) se observa con mayor frecuencia y emite microondas en distintas condiciones. Se creía que el toroide alrededor del núcleo galáctico activo era muy denso, y la estrategia de los astrónomos permitió dar en el clavo.

“Las observaciones anteriores habían revelado la elongación este-oeste del toroide de polvo y gas. La dinámica revelada por los datos de ALMA coincide a la perfección con el sentido de rotación que se esperaba observar en el toroide”, celebra Imanishi.

Lo interesante es que la distribución del gas alrededor del agujero negro supermasivo es mucho más compleja de lo que indicaría un simple modelo unificado. El toroide parece ser asimétrico, y su movimiento giratorio no sigue únicamente la gravedad del agujero negro, sino que además presenta movimientos muy aleatorios. Esto podría ser un indicio de que el núcleo galáctico activo tuvo una historia violenta, que podría incluir una fusión con una galaxia más pequeña. No obstante, la identificación del toroide giratorio es un paso importante.

Nuestra galaxia, la Vía Láctea, también tiene un agujero negro supermasivo en el centro, aunque se encuentra en un estado muy tranquilo y solo recibe una diminuta cantidad de gas. Por eso, a la hora de estudiar los núcleos galácticos activos en detalle, los astrónomos tienen que observar los centros de galaxias distantes. M77 es una de las más cercanas e idóneas para las observaciones de este tipo. 




 OBSERVATORIO ALMA/DICYT
Mucho más joven que nuestra galaxia, Andrómeda se formó hace 3.000 millones de años, cuando la Tierra ya existía, a causa de la brutal colisión de otras dos galaxias.



Durante mucho tiempo, los astrónomos han pensado que Andrómeda, la galaxia más cercana a la nuestra, podía considerarse en muchos aspectos como una «hermana gemela» de la Vía Láctea. Se equivocaban.

En realidad, nuestra vecina de al lado (se encuentra «solo» a dos millones de años luz de distancia), se formó como consecuencia de una brutal colisión entre otras dos galaxias más pequeñas. Y eso, además, hace como mucho unos 3.000 millones de años, lo que en Cosmología puede considerarse como «recientemente». De hecho, cuando sucedió la catástrofe cósmica, nuestro pequeño planeta azul llevaba ya 2.000 millones de años existiendo. El estudio, llevado a cabo por investigadores franceses y chinos, acaba de publicarse en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

Calcular la fecha de formación de una galaxia no es una tarea fácil, sino un auténtico desafío para los científicos, que deben lidiar con la enorme diferencia de edad que existe entre los miles de millones de estrellas que la componen.



Para llegar a sus sorprendentes conclusiones, los investigadores, liderados por el astrónomo Francois Hammer, del Observatorio de París, tuvieron que utilizar «los ordenadores más poderosos disponibles en Francia» para extraer toda la información contenida en más de un terabyte de datos, el equivalente a dos millones de fotografías de 500 kb cada una.

El esfuerzo, sin embargo, mereció la pena y permitió a los científicos «visualizar los mecanismos físicos de la formación de Andrómeda y levantar así el velo sobre su origen», según reza en un comunicado del observatorio.




Investigaciones anteriores ya habían percibido notables diferencias entre la Vía Láctea, nuestra galaxia, y Andrómeda. De hecho, demasiadas diferencias como para seguir considerándolas galaxias gemelas. En Andrómeda, por ejemplo, muchas estrellas muestran órbitas erráticas, algo que no sucede en la Vía Láctea, donde todas las estrellas giran ordenadamente alrededor del centro galáctico.


Un choque cósmico

¿A qué se debe ese comportamiento tan distinto? Para los investigadores, resulta claro que la «agitación estelar» de Andrómeda es fruto de su «reciente» formación. Una vez analizados, los datos cuentan una historia que comenzó entre hace 7.000 y 10.000 millones de años cuando dos galaxias, una cuatro veces más masiva que la otra, se precipitaron directamente una contra otra.

En su primer encuentro, las dos galaxias apenas se rozaron y pasaron de largo. Pero quedaron ligadas para siempre por sus fuerzas gravitatorias. Hce 4.000 millones de años se produjo el segundo encuentro, más violento, aunque ambas galaxias lograron conservar aún identidades separadas. Cada vez más próximas una de otra y con enormes flujos de estrellas fluyendo entre ambas, las dos terminaron por unirse en una sola.

Los científicos simularon las trayectorias de las dos galaxias precursoras y calcularon cómo debieron producirse las varias «pasadas» y encontronazos entre ambas. Al final, las dos se unieron, entre hace 1.800 y 3.000 millones de años, para formar lo que hoy conocemos como Andrómeda.


ABC

El instrumento ESPRESSO ve su primera luz con las cuatro unidades de telescopio a la vez




El instrumento ESPRESSO, instalado en el Very Large Telescope de ESO, en Chile, ha utilizado por primera vez la luz combinada de sus cuatro telescopios de 8,2 metros. Actualmente, en términos de área colectora de luz, el hecho de combinar las unidades de telescopio de esta manera convierte al VLT en el telescopio óptico más grande.

Uno de los objetivos del diseño original del VLT (Very Large Telescope) de ESO era hacer que sus cuatro unidades de telescopio (UTs) trabajaran juntas para crear un solo telescopio gigante. Con la primera luz del espectrógrafo ESPRESSO, que ha utilizado el modo cuatro-unidades-de-telescopio del VLT, se ha alcanzado este hito [1].

Después de intensos preparativos por parte del consorcio ESPRESSO (liderado por el Observatorio Astronómico de la Universidad de Ginebra, con la participación de centros de investigación de Italia, Portugal, España y Suiza) y el personal ESO, el Director General de ESO, Xavier Barcons, inició estas históricas observaciones astronómicas apretando un botón en la sala de control.

El científico del instrumento ESPRESSO de ESO, Gaspare Lo Curto, explica la importancia histórica de este acontecimiento: "ESO ha hecho realidad un sueño que se remonta a la época en la que el VLT fue concebido, en la década de 1980: ¡combinar la luz de las cuatro unidades de telescopio en Cerro Paranal para enviar la luz a un único instrumento!".

Cuando las cuatro unidades de telescopio, de 8,2 metros cada una, combinan su capacidad colectora de luz para “alimentar” a un solo instrumento, el VLT se convierte, en efecto, en el telescopio óptico más grande del mundo en cuanto a área colectora de luz.

Dos de los principales objetivos científicos de ESPRESSO son el descubrimiento y la caracterización de planetas similares a la Tierra y la búsqueda de la posible variabilidad de las constantes fundamentales de la física. Los experimentos de este último campo en particular, requieren de la observación de cuásares distantes y débiles, y este objetivo científico será el que más se beneficie de la combinación de la luz de las cuatro unidades de telescopio en ESPRESSO. Ambos dependen de una estabilidad del instrumento extremadamente alta y de una fuente de luz de referencia sumamente estable.

Debido a la complejidad que conlleva combinar de este modo la luz de las cuatro unidades de telescopio (en lo que se conoce como un "foco incoherente"), hasta ahora no se había implementado. Sin embargo, durante la construcción de los telescopios se había dejado el espacio necesario y, desde el principio, se habilitó la estructura subterránea en la cima de la montaña [2].

Un sistema de espejos, prismas y lentes transmite la luz de cada unidad de telescopio del VLT al espectrógrafo ESPRESSO, a más de 69 metros de distancia. Gracias a esta óptica compleja, ESPRESSO puede recoger la luz de los cuatro telescopios juntos, aumentando su capacidad colectora de luz, o puede recibir, de forma alternativa, la luz de alguna de las unidades de telescopio de forma individual, permitiendo un uso más flexible del tiempo de observación. EXPRESO fue específicamente desarrollado para aprovechar esta infraestructura [3].

La luz de las cuatro unidades de telescopio ya se colecta de forma rutinaria en el Interferómetro del VLT para el estudio de detalles muy finos en objetos relativamente brillantes.

El científico del proyecto, Paolo Molaro, afirma: "Este impresionante hito es la culminación del trabajo de muchos años por parte de un gran equipo de ingenieros y científicos. Es maravilloso ver cómo ESPRESSO trabaja con las cuatro unidades de telescopio y estoy deseando ver los emocionantes resultados científicos que están por venir".

Enviar la luz combinada a un único instrumento dará acceso a los astrónomos a una información nunca antes disponible. Esta nueva instalación marca un antes y un después en la astronomía hecha con espectrógrafos de alta resolución. Hace uso de nuevos conceptos, tales como calibración de longitud de onda con la ayuda de un peine de frecuencia láser, proporcionando una precisión y una repetibilidad sin precedentes, a lo que ahora se suma el poder unir la capacidad colectora de luz de las cuatro unidades de telescopio [4].

"Ahora, con ESPRESSO trabajando con las cuatro unidades de telescopio, tenemos una muestra anticipada de lo que podrá ofrecernos, en pocos años, la próxima generación de telescopios como el Extremely Large Telescope de ESO", concluye el Director General de ESO, Xavier Barcons.
Notas

[1] ESPRESSO -la próxima generación de buscadores de planetas- hizo sus primeras observaciones el 6 de diciembre de 2017 utilizando sólo una de las cuatro unidades de telescopio (UTs) de 8,2 metros de diámetro que conforman el VLT.

[2] La palabra "incoherente" significa que la luz de los cuatro telescopios simplemente se suma sin tener en cuenta la información de fase, algo que sí se hace en el Interferómetro del VLT.

[3] La nueva combinación de luz incoherente tiene una capacidad colectora de luz comparable a la de un telescopio de 16 metros de apertura. Sin embargo, la resolución angular sigue siendo la de un único telescopio de 8 metros, a diferencia de lo que ocurre en el interferómetro de VLT, donde la resolución es mayor a la de un telescopio (virtual) con una apertura efectiva igual a la máxima separación entre los telescopios que lo conforman.

[4] El "AstroComb" (o “astropeine”), un sistema de calibración de longitud de onda basado en un peine de frecuencias láser, fue desarrollado y fabricado por Menlo Systems GmbH en Martinsried, Alemania.


El instrumento ESPRESSO, instalado en el Very Large Telescope de ESO, en Chile, ha utilizado por primera vez la luz combinada de sus cuatro telescopios de 8,2 metros. Actualmente, en términos de área colectora de luz, el hecho de combinar las unidades de telescopio de esta manera convierte al VLT en el telescopio óptico más grande.

Este ESOcast Light repasa rápidamente este hito.

Este vídeo está disponible en 4K UHD.

"ESOcast Light" es una serie de vídeos cortos que pretende mostrar las maravillas del Universo en pequeñas piezas. Los episodios de ESOcast Light no reemplazarán a los vídeos estándar y más largos de ESOcasts, pero los complementan con noticias e imágenes actuales de astronomía en los comunicados de prensa de ESO.


ESO


La materia oscura es cada vez desconcertante. Físicos de todas partes del mundo han estado intentando durante décadas determinar la naturaleza de estas raras partículas de materia, que no emiten ni reflejan radiación electromagnética y que por tanto son indetectables, al menos directamente, para telescopios y radiotelescopios.
 
Imagen en rayos X del cúmulo galáctico de Perseo, a aproximadamente 240 millones de años-luz de la Tierra. La radiación X emitida por las galaxias y los cúmulos galácticos presenta todavía numerosos cabos sueltos para los astrofísicos. Resolver algunos de ellos podría proporcionar pistas sobre la naturaleza de la misteriosa materia oscura. (Foto: NASA)

La existencia de la materia oscura fue sugerida en la década de 1930 para explicar ciertas observaciones astronómicas que parecían imposibles: los movimientos de bastantes objetos astronómicos denotaban la acción de una fuerza de gravedad muy superior a la aportada por la materia normal. Esa masa extra debía por tanto corresponder a materia que no se podía ver en la banda de la luz y en ninguna otra del espectro electromagnético.

 Entre las muchas evidencias de esta "influencia fantasma" cabe citar el movimiento orbital de las estrellas alrededor de los centros de sus respectivas galaxias. Dicho movimiento no concuerda con el calculado a partir de la presencia exclusiva de materia normal y solo se explica con la presencia de materia adicional, la oscura.

Esta misteriosa materia extra escondida, distribuida de un modo que tampoco se corresponde con la simple presencia de agujeros negros convencionales, es la responsable de que las galaxias no se fragmenten en tiras cuando giran sobre sí mismas. En otras palabras, no hay suficiente materia normal en el universo para generar la cantidad de gravedad necesaria para evitar que las galaxias se disgreguen en jirones.

A partir de análisis de esa influencia gravitatoria extra ejercida por la masa de la materia oscura, se ha calculado qué porcentaje de la masa del universo es aportado por la materia normal y cuál es por tanto atribuible a la oscura. La materia normal, como la que da forma a las estrellas y la Tierra, constituye aproximadamente el 15 por ciento de toda la materia del universo. Así pues, la materia oscura debe representar el 85 por ciento restante. Pero hasta la fecha, y a pesar de las exhaustivas investigaciones realizadas, todavía no se ha conseguido identificar a las partículas constituyentes.

El equipo de Joachim Kopp, de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia, en Alemania, presenta ahora una teoría novedosa sobre la materia oscura, que implica que sus partículas podrían ser muy distintas de lo que se ha venido creyendo. Concretamente, las partículas de materia oscura serían muy ligeras, casi cien veces más que los electrones, en marcado contraste con los numerosos modelos convencionales según los cuales las partículas de materia oscura son muy pesadas.

Entre las candidatas favoritas a partícula de la materia oscura destacan las llamadas partículas masivas de interacción débil (WIMPs por sus siglas en inglés). La comunidad científica las está buscando en el laboratorio subterráneo italiano del Gran Sasso, por ejemplo. Pero en los últimos tiempos, aumentan año tras año los indicios de que es improbable que las WIMPs sean candidatas viables a partículas de la materia oscura. Parece pues que hay que comenzar a considerar otras alternativas, tal como subraya el profesor Kopp, y estas probablemente se ajusten más al mencionado retrato robot de una partícula casi cien veces más ligera que el electrón.



NCYT
  • Científicos confirman la existencia de 95 nuevos mundos fuera del sistema solar.
  • La misión Kepler K2 de la NASA también ha encontrado la estrella más brillante observada hasta ahora orbitada por un exoplaneta validado.




Desde que hace algo más de veinticinco años se descubriera el primer mundo fuera del sistema solar, la investigación sobre los exoplanetas nos ha permitido encontrar nuevos candidatos para la búsqueda de vida extraterrestre. Un total de 3.600 planetas han sido catalogados hasta la fecha utilizando diferentes instrumentos, tanto en el espacio como en la superficie terrestre. Este particular inventario astronómico se amplía hoy gracias al trabajo de una treintena de científicos de diversas instituciones, entre ellas la NASA, que han confirmado la existencia de nuevos mundos fuera de los confines del sistema solar.

La misión K2 nos ha permitido continuar la búsqueda de exoplanetas tras el accidente sufrido por el telescopio Kepler

Sus resultados han sido posibles gracias a la misión K2, la iniciativa que impulsó la agencia espacial norteamericana tras el accidente del telescopio Kepler en 2013, cuatro años después de su lanzamiento al espacio. Por aquel entonces, el instrumento perdió dos de los cuatro volantes de inercia, que ayudaban a estabilizarlo y ajustar la dirección de sus lentes. La NASA decidió que no arreglaría el telescopio espacial Kepler y comenzó a buscar ideas alternativas para aprovechar la plataforma astronómica con la que buscar exoplanetas. 

La sucesora de Kepler en busca de exoplanetas

Una de las propuestas es precisamente la misión Kepler K2, que en lugar de apuntar siempre a la región de Cygnus, según explicó el astrofísico Daniel Marín, comenzaría a observar varias zonas en períodos de 75 días. Aunque su precisión es inferior a la diseñada inicialmente, este proyecto ha permitido a la agencia aprovechar en lo posible las capacidades del instrumento con los dos giróscopos. Las campañas de observación impulsadas desde entonces por la NASA han permitido detectar nuevos candidatos fuera del sistema solar. La última, utilizada por el equipo de Jennifer G. Winters, ha logrado analizar y confirmar la existencia de casi un centenar de exoplanetas.


De los 275 candidatos analizados, los científicos lograron validar 149 como exoplanetas reales

"Empezamos analizando 275 candidatos, de los que 149 fueron validados como exoplanetas reales. Se ha probado que 95 de estos mundos eran nuevos descubrimientos", explica Andrew Mayo, estudiante de doctorado en el Instituto Nacional del Espacio de la Universidad Técnica de Dinamarca. "Hemos realizado esta investigación desde que se dieron a conocer los primeros datos de la misión K2 en 2014", aclara el primer autor del trabajo, publicado hoy en la revista Astronomical Journal. Los mundos fuera del sistema solar anunciados hoy respaldan el éxito de la estrategia alternativa que tuvo que idear la NASA, ya que desde entonces la misión K2 ha logrado descubrir casi 300 planetas fuera del sistema solar. El telescopio Kepler, desde su lanzamiento y hasta la actualidad, ha permitido detectar más de 5.100 candidatos planetarios, que deben ser analizados en detalle antes de poder confirmar que se trata de exoplanetas reales. 


El instrumento utiliza el conocido método del tránsito, el más empleado en la actualidad para buscar mundos fuera de las fronteras del sistema solar. Esta técnica consiste en registrar los cambios en la luz que llega de una estrella por culpa de la sombra de un exoplaneta cuando este cruza frente a su astro. Estas disminuciones de la luz son pistas que indican que puede haber un mundo lejano, pero que deben examinarse de cerca para que los candidatos sean validados y así confirmar que en realidad son exoplanetas. "Hemos descubierto que algunas de las señales estaban causadas por sistemas múltiples de estrellas o ruido de la nave espacial. Pero también hemos conseguido detectar planetas con dimensiones que van desde el tamaño de la Tierra hasta el de Júpiter y otros mundos más grandes", afirma Mayo.


 El trabajo también muestra la estrella más brillante detectada hasta ahora que cuenta con un exoplaneta confirmado

Uno de los mundos catalogados ahora gira alrededor de un astro muy brillante, denominado HD 212657, en una órbita de solo diez días. Esta es la estrella con más brillo detectada hasta la fecha por la misión Kepler y su sucesora K2 que aloja un exoplaneta confirmado. "Los mundos alrededor de astros brillantes son importantes porque los astrónomos pueden aprender mucho de ellos desde los observatorios terrestres", sostiene el primer autor del estudio. Mayo también ha destacado la importancia de estas investigaciones, que nos permiten entender mejor la naturaleza de estos mundos lejanos, además de conocer mejor "nuestro propio sistema solar en un contexto galáctico".


hipertextual

Detectado el pasado octubre, los astrónomos han hecho público su retrato. Tiene forma de extintor de incendios y el doble del tamaño de la Estatua de la Libertad, pero resulta más familiar de lo que podríamos esperar



El pasado octubre, astrónomos de la Universidad de Hawái detectaban un objeto, probablemente un asteroide, mientras se alejaba del Sol. Por su órbita hiperbólica, se dieron cuenta de que se trataba de un cuerpo llegado de fuera del Sistema Solar, nuestro primer «visitante interestelar». Rápidamente, telescopios de todo el mundo apuntaron al «intruso» para poder saber más sobre su procedencia y composición. Un mes después, los astrónomos ya tienen su retrato y le han puesto nombre: Oumuamua («mensajero de lejos que llega primero», en hawaiano).


 U1, a su paso a través del Sistema Solar en imágenes tomadas con el telescopio WIYN . Las rayas débiles son estrellas de fondo. Los círculos verdes resaltan la posición de U1 , aproximadamente 10 millones de veces más débil que las estrellas más débiles visibles a simple vista - R. Kotulla (University of Wisconsin) & WIYN/NOAO/AURA/NSF


Los telescopios WIYN en el Observatorio Nacional Kitt Peak y el Óptico Nórdico en Las Palmas tomaron imágenes del objeto, denominado 1I /2017 U1 por la Unión Astronómica Internacional (IAU), durante cinco noches. A pesar de proceder de otro lugar de la galaxia, el «extranjero» resultó bastante familiar a los científicos. Su tamaño, rotación y color eran similares a los de asteroides en nuestro Sistema Solar.


 

Exterior del telescopio WIYN - NOAO/AURA/NSFLa roca parecía ligeramente roja y su brillo variaba con un período de 8 horas. A partir de su brillo cambiante, el equipo dedujo que U1 es muy alargado con dimensiones aproximadas de 30m x 30 m x 180 m, unas dos veces la altura de la Estatua de la Libertad. «Su forma es similar a la de un extintor de incendios, aunque U1 no es tan rojo», dice David Jewitt, de la Universidad de California en Los Ángeles.

«Con una forma tan alargada, U1 probablemente necesite una pequeña fuerza cohesiva para mantenerse unido. Pero eso no es realmente inusual», señala Jayadev Rajagopal, del Observatorio Nacional de Astronomía Óptica. «Lo más notable de U1 es, a excepción de su forma, que es familiar y físicamente nada especial», subraya.

Oumuamua hizo su recorrido más cercano al Sol el 9 de septiembre. Después dio un giro brusco, pasando bajo la órbita de la Tierra el 14 de octubre a una distancia de unos 24 millones de km, aproximadamente 60 veces la distancia a la Luna. Después, volvió a dispararse hacia el sistema solar exterior a 44 km por segundo.

Nuestra propia historia

Los astrónomos reconocen en U1 un posible primo cercano de los asteroides y cometas que se cree que fueron lanzados desde nuestro propio Sistema Solar en sus orígenes. Cuando los planetas gigantes se formaron, empujaron los asteroides y los cometas sobrantes en órbitas cada vez más excéntricas. Algunos asteroides y cometas impactaron en los planetas interiores dejando cráteres. Se cree que otros fueron expulsados del Sistema Solar por completo.

Las superficies marcadas con viruela del Sistema Solar interior ayudan a verificar esta historia. Sin embargo, no ha habido evidencia directa hasta la fecha de que los cometas y asteroides fueran expulsados del Sistema Solar. Si los planetas se forman alrededor de otras estrellas de la misma manera que en nuestro Sistema Solar, muchos objetos del tamaño de U1 también habrían sido expulsados en el proceso. «U1 puede proporcionar la primera evidencia directa de que los sistemas planetarios alrededor de otras estrellas expulsaron objetos a medida que se formaron», concluye Rajagopal.

¿Hay otros por ahí?

Aunque nunca volveremos a ver a Oumuamua después de que abandone el Sistema Solar, los astrónomos esperan poder estudiar otros intrusos interestelares. Ahora que se cree que la mayoría de las estrellas albergan sistemas planetarios, los cuerpos eyectados deberían ser comunes en la galaxia.

Esa perspectiva sugiere que nuestro Sistema Solar puede, de hecho, estar inundado de intrusos interestelares que pasan sin ser detectados. Los autores estiman que, según las propiedades de U1, hay aproximadamente 10.000 objetos del mismo tamaño más cercanos al Sol que Neptuno en un momento dado. «Cada uno recorre el Sistema Solar en aproximadamente 10 años», dice Jewitt, «y cada 10 años más o menos, tenemos un grupo completamente nuevo de estos objetos, algunos de los cuales podemos esperar ver».

Futuros rastreos diseñados para detectar objetos en movimiento probablemente descubrirán más de estos «visitantes», dando a los astrónomos más oportunidades para estudiar objetos de más allá del Sistema Solar.




Un nuevo objeto, un nuevo nombre 

Cuando el «intruso» fue descubierto a 30 millones de km de la Tierra, los astrónomos lo clasificaron inicialmente como un cometa (C / 2017 U1) y más tarde como un asteroide (A / 2017 U1). Sin embargo, otras observaciones indicaron que debido a su órbita hiperbólica y su alta excentricidad, el objeto nunca estuvo ligado gravitacionalmente al Sistema Solar. Era algo nunca visto, un «asteroide interestelar». Como el nuevo objeto no encajaba en ninguno de los esquemas de designación existentes de la IAU, era necesario definir uno nuevo. De esta forma se adoptó un esquema de designación similar al utilizado para cometas y asteroides (que se caracteriza por las letras «C» y «A» respectivamente), utilizando la letra «I» que significa «interestelar». El Comité Ejecutivo de la IAU aprobó la propuesta en menos de 24 horas y el nuevo objeto ahora se conoce oficialmente como 1I / 2017 U1. Además de la designación técnica, el nuevo objeto también ha sido bautizado como Oumuamua, que en hawaiano significa «mensajero de lejos que llega primero», lo que refleja bastante apropiadamente la naturaleza del objeto y su descubrimiento.



El primer visitante interestelar gira fuera de control por un choque brutal

¿Es el asteroide Oumuamua una nave extraterrestre? Se va a comprobar





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