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Unos científicos han analizado ligeras distorsiones en los patrones de la luz más antigua del universo, logrando la visualización de enormes estructuras cósmicas con forma de filamentos y que resultan invisibles para el ojo humano. Estos filamentos, conectados conformando una red, actúan a modo de superautopistas por las que se suministra materia a las mayores acumulaciones de ella: los cúmulos de galaxias.

En esta ilustración, la trayectoria de la luz del fondo cósmico de microondas (CMB) se ve desviada por las estructuras conocidas como filamentos y que son invisibles a nuestros ojos, creando un efecto conocido como lente gravitatoria débil que ha sido captado por el observatorio espacial Planck (izquierda). Los autores del nuevo estudio utilizaron ordenadores para estudiar esta lente gravitatoria débil del CMB y obtuvieron un mapa de filamentos, que habitualmente presentan longitudes de cientos de años-luz. (Foto: Siyu He, Shadab Alam, Wei Chen y Planck/ESA)

El equipo científico internacional responsable del estudio, que incluyó investigadores del Laboratorio Nacional estadounidense Lawrence Berkeley (Berkeley Lab) y de la Universidad de California en Berkeley, analizó datos de inspecciones anteriores del firmamento usando una sofisticada tecnología de reconocimiento automático de imágenes para centrarse en los efectos basados en la gravedad que identifican las formas de estos filamentos. También se valieron de modelos y teorías sobre los filamentos para ayudar a guiar e interpretar sus análisis.

Reconocer y observar estos filamentos es muchísimo más difícil que reconocer y observar galaxias. Por eso es tan importante la ayuda de sistemas de reconocimiento automático. "Para encontrar los filamentos, utilizamos los mismos métodos que usan Yahoo y Google para el reconocimiento de imágenes, como por ejemplo identificar los nombres de las señales viales en las calles o encontrar gatos en las fotografías" explica Shirley Ho, del equipo de investigación.

También han sido de gran utilidad las mediciones precisas, efectuadas desde el espacio, del fondo cósmico de microondas, o CMB, por sus siglas en inglés. Este sutil brillo que viene de todas partes del cosmos es ni más ni menos que la luz más antigua en el universo. Aunque es bastante homogénea sea cual sea la dirección del universo hacia la que miren los instrumentos, existen diferencias que han sido identificadas en estudios anteriores y que denotan rasgos del universo arcaico.

Esta nueva y detallada exploración de los filamentos ayudará a los investigadores a entender mejor la formación y evolución de la red cósmica, que es la estructura de materia a la mayor escala del universo. La red incluye el material misterioso y aún no visto que denominamos materia oscura. Como su nombre sugiere, la materia oscura no emite luz, así que ningún telescopio puede verla. Sin embargo, debido a que la materia oscura tiene masa, su existencia puede inferirse por la manera en que las estrellas son atraídas a regiones donde no se aprecia materia visible, lo que denota que allí se concentra ese misterioso material. Aunque la naturaleza de la materia oscura es un misterio, no se trata de materia minoritaria y marginal, sino que constituye más del 80 por ciento de la masa total del universo.

La materia oscura es el componente principal de los filamentos. En los últimos años se ha ido descubriendo que tales filamentos son gigantescos: se extienden de manera habitual a lo largo de cientos de millones de años-luz. También se ha averiguado que las estructuras llamadas halos, que albergan cúmulos de galaxias, son alimentadas por la red universal de filamentos.

Estudios adicionales sobre estos filamentos podrían proporcionar nueva y reveladora información sobre la energía oscura, otro gran misterio cósmico. La energía oscura es una fuerza desconocida que hace al universo expandirse con una aceleración cada vez mayor. Actuando de un modo que, a grandes rasgos, se opone a cómo opera la fuerza de la gravedad, la energía oscura tiende a separar unas de otras las acumulaciones de materia.



NCYT
Su impacto habría liberado energía suficiente como para destruir una gran ciudad y toda su áres metropolitana




Sin que nadie se diera cuenta de ello, un asteroide de entre 48 y 110 metros, con suficiente potencial destructivo como para arrasar una gran ciudad y sus alrededores, pasó «rozando» la Tierra el pasado domingo. Los astrónomos encargados de vigilar estos peligrosos objetos celestes no lo detectaron hasta varias horas después de su paso, cuando la roca ya se alejaba de nuestro planeta.

El asteroide, bautizado como 2018 GE3, pasó inadvertido durante toda su aproximación a la Tierra y, según una nota aparecida en Earthsky.org, logró acercarse sin ser visto hasta una distancia de apenas 192.000 km de nuestro planeta, menos de la mitad de la que nos separa de la Luna. Por cierto, después de su acercamiento máximo a nosotros, el asteroide también «visitó» nuestro satélite antes de continuar con su viaje orbital alrededor del Sol. A una velocidad de 106.497 kilómetros por hora, el asteroide tardó menos de dos horas en llegar hasta la Luna.

Una vez detecado, se pudo comprobar que 2018 GE3 tiene un diámetro seis veces superior que el célebre meteorito de Cheliabinsk, que en 2013 explotó por sorpresa sobre la localidad rusa que le dio su nombre y cuya onda expansiva provocó más de 1.500 heridos.


Capaz de causar daños regionales

Si el asteroide hubiera entrado en nuestra atmósfera, una gran parte de su masa se habría desintegrado debido a la fricción con el aire. Sin embargo, y debido a su tamaño, una parte de 2018 GE3 podría haber llegado a la superficie de la Tierra. Se calcula que un asteroide de esa magnitud es capaz de causar «daño regional» (lo que implica la completa destrucción de una gran ciudad más toda su área metropolitana), dependiendo de varios factores como la composición, la velocidad, el ángulo de entrada y la ubicación del impacto.

No es la primera vez que sucede algo así. Más a menudo de lo que a los astrónomos les gustaría, en efecto, un buen número de asteroides rozan o atraviesan directamente nuestra atmósfera sin que nadie haya podido detectarlos.

Un buen ejemplo de ello fue el anuncio, en 2014, de que los científicos habían descubierto «a toro pasado», hasta 26 impactos de asteroides más potentes que una bomba atómica desde el año 2000. Y lo más sorprendente es que lo hicieron revisando los datos de la Organización del Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares, organismo que opera una red de sensores que monitorizan la Tierra 24 horas al día en busca de la «firma» infrasónica de una detonación nuclear. Es decir, que esos 26 violentos impactos pasaron totalmente inadvertidos. Nadie vio cómo esas rocas se acercaban y nadie se dio cuenta tampoco de que habían caído a la Tierra y explotado cada uno con la energía de una o varias bombas atómicas.

La mayoría de esas rocas espaciales, en efecto, explotan en las capas superiores de la atmósfera, o sobre una región desértica u oceánica, sin llegar a causar ningún daño y sin que ni siquiera nos demos cuenta de ello. Un buen trabajo, sin duda, de la atmósfera terrestre, que nos proteje de forma eficiente de muchos de estos eventos potencialmente destructivos.

Un análisis preliminar de la órbita de 2018 GE muestra que esta es la ocasión en que la roca ha pasado más cerca de la Tierra desde el año 1930.



ABC

Una nueva investigación arroja luz sobre los rasgos diferentes de nuestros primos extintos, capaces de consumir 4.480 calorías diarias 




Nariz prominente, pómulos hundidos, mandíbula superior saliente... Ese era el peculiar aspecto de los neandertales, la otra especie humana inteligente con la que llegamos a relacionarnos en Europa y que se extinguió hace unos 42.000 años por causas desconocidas. Nuestros primos cercanos tenían rasgos distintos a los nuestros por una razón que ha sido largamente debatida, pero investigadores del Museo de Historia Natural de Londres creen haber dado ahora con la respuesta, que publican en la revista Proceedings of the Royal Society B. La mejor adaptación a un clima frío y su gran consumo de energía pueden estar detrás de sus narices superlativas.

Investigaciones previas habían sugerido una serie de posibles explicaciones para el rostro tan poco agraciado de los neandertales. Una de las más aceptadas decía que permitía una mordida contundente con los dientes frontales, lo que se sustenta en sus incisivos grandes y los signos de desgaste dental. Pero el nuevo estudio rechaza esa hipótesis y refuerza otra antigua creencia, la de que la narizota y los rasgos que la acompañan les servían para humedecer y calentar el aire inhalado. Esto podría deberse a una adaptación evolutiva al intenso frío de los períodos glaciares o para facilitarles su gran consumo de energía, ya que requerían hasta 4.480 calorías al día para encontrar comida durante el invierno y mantenerse calientes. En comparación, un humano moderno necesita de media 2.500 calorías. Una ingesta tan alta requiere más oxígeno para quemar azúcares, grasas y proteínas en las células para producir energía.

Los científicos llegaron a esta conclusión tras examinar las similitudes y diferencias entre los cráneos de tres especies humanas en reconstrucciones virtuales de tomografías computarizadas. En total, reconstruyeron once cráneos de nuestra propia especie, el Homo sapiens (uno de la Edad de Hielo), tres neandertales y uno de otro homínido extinto, un Homo heidelbergensis encontrado en África.

Los resultados de simulaciones computacionales revelaron, en contra de lo que creían otros investigadores, que los neandertales no tenían una mordida particularmente poderosa en comparación con los sapiens, que incluso podrían haber tenido ventaja en este punto. Pero sí hallaron diferencias claras en la capacidad de calentar y humidificar el aire inhalado por la nariz. Los humanos modernos y los neandertales resultaron los más eficientes, al mostrar una adaptación a climas más fríos y secos que el Homo heidelbergensis.

Resoplidos y jadeos

Las fosas nasales de los neandertales eran aproximadamente un 29% más grandes que las de los humanos modernos. Pero no solo importa el tamaño. Resulta que los neandertales y, en menor medida, el Homo heidelbergensis, eran capaces de mover el aire a través de sus fosas nasales a un ritmo mayor que los humanos modernos. Eso, dicen los investigadores, podría ayudar a mantener un estilo de vida activo que implica muchos jadeos, resoplidos y una respiración entrecortada.

«Las demandas calóricas de los neandertales eran enormes en comparación con las nuestras: se movían mucho, probablemente tenían peor ropa y por lo tanto tenían que quemar mucha más grasa corporal para mantenerse calientes», explica al diario británico «The Guardian» Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres y coautor del nuevo estudio. Además, cree que la respiración nasal también podría haber sido útil en un clima frío.

Los neandertales surgieron en Europa, Asia Central y el Medio Oriente hace unos 200.000 años. Desaparecieron hace unos 42.000 años, coincidiendo con la salida de humanos modernos fuera de África. Los dos grupos se superpusieron brevemente y se cruzaron, y hoy en día todos, excepto los africanos, tenemos alrededor del 1,5% - 2,1% del ADN neandertal.

Considerados durante mucho tiempo como bestias sin inteligencia, estudios recientes han empezado a dar una imagen de los neandertales como seres sofisticados que hacían arte, se ocupaban de los ancianos, enterraban a sus muertos y pudieron haber sido los primeros joyeros, aunque probablemente también eran caníbales.



ABC

El cosmonauta ruso sobrevivió a uno de los accidentes más graves ocurridos en el espacio durante su primer vuelo en 1997 




El cosmonauta ruso Alexander Lazutkin (Moscú, 1957) se enfrentaba a su primer vuelo espacial en febrero de 1997 cuando se le ocurrió preguntar a sus colegas más veteranos a cuántas situaciones de emergencia podría enfrentarse en la ya desaparecida estación espacial Mir, donde estaría en órbita durante seis meses. Por estadística, le dijeron cuatro o cinco, seis como máximo. Pero durante los tres primeros días, Lazutkin y sus dos compañeros, el ruso Vasili Tsibliev y el estadounidense Michael Foale, ya sufrieron tres. En la primera semana se produjo un incendio. «Ese era muy grave, valía por dos, así que pensé que el resto del vuelo sería muy tranquilo», explica el que entonces era ingeniero a bordo. Nada de eso. Se les rompió un sistema de producción de oxígeno y el de extracción de gas, falló la electricidad varias veces e incluso el cuarto de baño les dio problemas. Y después llegó el choque. En junio, una nave de carga Progress M-34 se empotró contra un módulo de la plataforma orbital y provocó su despresurización. La tripulación logró salir viva del peor accidente ocurrido a casi 400 km sobre la Tierra, una historia increíble que Lazutkin ha contado en una conferencia en el Planetario de Madrid organizada por la Obra Social «la Caixa» y el Centro Ruso de Ciencia y Cultura.


-Su vida corrió grave peligro en la Mir. ¿Cómo se vive algo así cuando se sabe rodeado de la nada más absoluta?

-Cuando ocurrió el incendio, lo primero que pensé fue: aquí no viene ningún bombero. Por supuesto, me asusté. Pero cuando superamos el primer fuego, surgió en mí la convicción de que podríamos superar cualquier cosa. Y llegué a la conclusión de que todo depende de la tripulación. Al principio esperábamos las instrucciones desde el puesto de mando de la Tierra, pero después estábamos mucho más convencidos de nuestras propias fuerzas y recursos.

-Menos mal, porque luego ocurrió lo peor.

-El choque con la nave Progress. En la pantalla salió la señal de que empezaba la despresurización. ¡El aire empezaba a irse! Incluso lo notamos en los oídos, como cuando despega un avión. Fue un cambio brusco de presión. En ese momento, lo primero que hicimos fue determinar en qué sitio se produjo el choque. Ya oíamos por donde se escapaba el aire y detectamos la fisura en uno de los módulos de la estación. (El módulo científico Spektor, amarrado de manera permanente).

-Intentó cortar unos cables con un cuchillo para llegar al agujero.

-Es cierto. Al borde del abismo, no tenía tiempo de ver dónde estaban las conexiones, así que cogí una navaja suiza y empecé a cortar. Pero el lugar estaba repleto de tendidos eléctricos y maquinaria, no se podía llegar a la pared. Entonces tomamos la decisión de aislar el módulo. En ese momento, el aire empezó a circular por la estación. En el módulo, se fue por completo.

-¿Por qué se produjo el choque?

-Era un experimento. Las naves de carga vuelan sin tripulación y son dirigidas por un ordenador que las lleva a la estación espacial y las acopla. Pensamos que si ese ordenador se rompía, los suministros, tan valiosos, podían perderse, así que intentamos dirigir la nave desde la estación. Esto ya se había hecho antes en dos ocasiones: una vez desde 20 metros y otra desde 120 metros. Pero nosotros empezamos desde 5 km. Pronto nos dimos cuenta de que no teníamos información fiable de la velocidad ni de la distancia de la nave. Esta fue una de las causas por las que chocó.

-Debió de sentir un miedo atroz.

-Éramos conscientes de la emergencia, pero estábamos tranquilos porque podíamos actuar, seguir un protocolo. Eso sí, tras tomar todas las medidas, cuando nos sentamos y asimilamos lo que había ocurrido, nos dimos cuenta de que si la nave hubiera chocado no en ese sitio sino un poco más abajo, el módulo se habría desprendido y habríamos muerto de forma irremediable. Entonces sí que sentimos pánico. Pero pensamos: estamos vivos, la estación funciona, hemos perdido solo un módulo, para qué sufrir.

-¿No le temblaba todo el cuerpo de arriba a abajo?

-Sí (risas). Es un escape emocional. Después del choque, sujeté con las dos manos la escotilla, y estuve así durante un tiempo, sujetando muy fuerte, mientras el comandante iba diciendo la presión una y otra vez. Solo la solté cuando la presión se había restablecido. Entonces me di cuenta de que me temblaba una uña, el dedo, la mano... y ese temblor me fue recorriendo todo el cuerpo.

-Es algo terrorífico, pero por su reacción fue condecorado como un héroe.

-Sí, y no estamos preparados para algo así. Cuando ocurren cosas tan graves, lo que se pone en marcha es un mecanismo de supervivencia. Toda la energía se dirige a intentar salvar la vida, no te da tiempo a pensar en nada más.

-¿Esa experiencia le ha cambiado personalmente?

-No lo sé, pero sí cambió mi percepción de la realidad. Cuando era un niño jugaba alrededor de mi casa y ese era mi mundo. En una ocasión mis padres me autorizaron a subir a la azotea y descubrí que el mundo iba mucho más allá. En el espacio ocurre igual, es una azotea superior, y te das cuenta de que existe más de lo que crees. Nuestro planeta es solo una mota de polvo. Por eso, los problemas que yo tengo en la Tierra me parecen también muy pequeñitos. Después de ese vuelo estoy mucho más sereno.

-Fueron unos accidentes terribles para la MIR. ¿Podría suceder lo mismo en la Estación Espacial Internacional (ISS)?

-En principio todo es posible, pero ahora somos más sabios. Todo lo aprendido en la MIR ha servido para que se tomen medidas para que no vuelva a ocurrir.

-¿Ahora es menos peligroso volar al espacio?

-No, no. El peligro es el mismo. Un meteorito de 10 cm es suficiente para que atraviese toda la estación espacial sin salvación. Y hay muchísimas toneladas de meteoritos de ese tipo cayendo continuamente sobre la Tierra.

-A pesar de todo, creo que ha dicho alguna vez que lo peor fue adaptarse a la falta de gravedad.

-La ingravidez no es terrible, pero para mí fue muy pesada. Hay un período en el que tienes que acostumbrarte. Para algunas personas ese proceso es menos tormentoso; en mi caso, durante siete u ocho días sentí que tenía ganas de que todo acabase. Ahora tratan de disminuir estos síntomas con medicamentos.

-Aquellos que se enfrenten al primer viaje interplanetario tendrán que asumir retos aún mayores. ¿Cómo deberán prepararse?

-Es muy sencillo, porque la experiencia acumulada por los vuelos de los astronautas es enorme. Hay que asimilar bien lo que ya sabemos y tener en cuenta una cosa: Como la vida, el Cosmos no perdona las menudencias. Quiero decir, aunque tengamos la nave espacial más moderna y mejor equipada, si hacemos mal los cálculos y le restamos media tonelada de agua a la tripulación para ahorrar peso, podemos conducirles a la muerte.

-Donald Trump quiere volver a la Luna. ¿Es un anuncio político o un proyecto necesario?

-Toda la comunidad cosmonáutica estamos esperando con mucho interés que él diga qué objetivo se propone.

-¿Ha cambiado mucho la carrera espacial desde que usted voló al espacio?

-Entonces solo había dos países en la carrera espacial, ahora tenemos muchos. EE.UU., Rusia, Europa, China, India.. pueden hacer naves e investigación espacial. No depende de Putin ni de Trump, es el momento de tomar decisiones colectivas. Y es la comunidad científica internacional quien debe pronunciarse hacia dónde debemos ir. Los científicos saben mejor que los presidentes de qué es capaz la ciencia astronáutica actual. Los dirigentes políticos lo único que pueden y deben hacer es dirigir sus estados, apoyándonos o no.

-Además hay otro factor en juego que son las empresas privadas. ¿Qué opina de la privatización del espacio?

-Es un proceso natural y soy favorable. Estas empresas, como SpaceX, resuelven las tareas técnicas de manera muy brillante, pero son pobres de ideas, no están descubriendo nada nuevo. Cuando surjan diez nuevas entonces puede que se produzca un salto cualitativo en cuanto a la investigación. Están en ello y un día harán algo revolucionario.

-Volviendo al pasado, ¿de verdad les daban coñac a los cosmonautas rusos o es una leyenda?

-Sí, estaba dentro de la dieta en los primeros vuelos. Después dijeron: 'pero no, qué estamos haciendo, los cosmonautas tienen que estar serenos'. Y lo sustituyeron por eleuterococo, un licor de hierbas que crecen en Siberia y ayudan a proteger el sistema inmunológico. Fumar es perjudicial, pero el uso moderado del alcohol protege la salud.

-Su vuelo espacial parece una versión menos fantasiosa de la película «Gravity».

-He visto la película, pero ¡bah! (hace un gesto de rechazo con la mano). Lo nuestro fue más interesante. Para rematar, incluso nos falló un motor en el aterrizaje. Escribí un diario durante el vuelo y este año voy a editarlo. Confío en que algún director de cine se interese y haga una película, ¡pero ateniéndose a lo que yo he escrito! Será de Oscar.



ABC


Un equipo internacional liderado desde el Laboratorio de Astrofísica de Marsella (CNRS, Francia) descubrió que el planeta K2 229 b, a 340 años luz del Sistema Solar, tiene de un tamaño similar a la Tierra y la misma densidad que Mercurio, lo que aporta una pista para resolver un misterio para los astrónomos: por qué Mercurio tiene la composición que tiene y cuál es el origen de este planeta que es uno de los menos conocidos en nuestro Sistema Solar.

El descubrimiento, publicado en Nature Astronomy, liderado por desde el Laboratorio de Astrofísica de Marsella, del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), Francia, por los científicos Alexandre Santerne y Bastien Brugger, evidenció que la masa de este exoplaneta -fuera del Sistema Solar- es mayor que la de la Tierra, pero en un radio mucho menor, es decir, mucho más denso.

Rodrigo Díaz, investigador adjunto del Consejo en el Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE, CONICET-UBA) (Argentina), participó de la investigación realizando análisis estadísticos de la información que arrojó el satélite Kepler de la NASA (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos) y el espectrógrafo HARPS del ESO.

Para medir el radio del planeta, los científicos, explica Díaz, se valieron de las variaciones de brillo de su estrella captadas por Kepler, cuando el planeta pasa por delante, lo que se conoce como un tránsito planetario.

Por otro lado, la velocidad de la estrella es afectada por la masa del planeta que la orbita, por lo que para calcular la masa de este mellizo de Mercurio, se tomaron las mediciones desde el observatorio del European Southern Observatory, en La Silla, de Chile. “Allí contamos con instrumentos muy precisos para esta medición, como HARPS, (High Accuracy Radial velocity Planet Searcher o Buscador de Planetas con Velocidad Radial de Alta Precisión), que permite medir la velocidad de la estrella con una precisión de 1 metro por segundo (para no repetir “precisión”). Entonces, combinando la fotometría y las mediciones de la velocidad de la estrella, obtenemos la densidad del planeta.”
  
En el Sistema Solar, hay dos grupos: Los Gigantes Externos, Saturno Júpiter, Neptuno, Urano y los internos rocosos que, a su vez, se dividen en dos grupos: Marte, Tierra y Venus, por un lado y Mercurio por el otro, explica Díaz. “¿Cuál es la diferencia? Que los planetas del primer grupo tienen densidades parecidas, por lo que podemos suponer que tienen una composición similar, y que la fracción de masa de sus núcleos es similar -cerca del 30 por ciento-. Ahora en el caso de Mercurio su núcleo constituye el 70% de su masa total”, cuenta.

Además, sabiendo que los planetas se forman del mismo material que la estrella que orbitan, los científicos pueden predecir la composición que esperaría de cada uno.

Esto funciona para los planetas como Venus y la Tierra, pero no para el planeta más interno del sistema solar.

“La composición de Mercurio, por su alto contenido fraccional de hierro, el material que forma el núcleo, no puede explicarse a partir del material del que se formó. Existen varias hipótesis acerca de cómo podría haber perdido parte de su manto rocoso, para terminar con la composición con la que se lo observa actualmente. Sin embargo, este mecanismo es un debate actual.”

Estas diferencias entre los planetas rocosos y Mercurio, podrían dilucidarse con este descubrimiento sobre K2 229, que ayudaría a comprender el porqué de su composición y a entender mejor el origen de nuestro Sistema Solar. 



CONICET/DICYT



Uno de los problemas que intriga desde hace tiempo a los expertos en cosmología es cómo detectar posibles señales extraterrestres. ¿Realmente estamos mirando en la dirección adecuada? Quizá no, según el estudio que los neuropsicólogos Gabriel de la Torre y Manuel García, de la Universidad de Cádiz, publican en la revista Acta Astronautica.

 Imagen aérea a la que se incorporó un pequeño gorila (arriba a la izquierda) para un experimento. Los observadores más intuitivos lo identificaron más veces que aquellos más racionales y metódicos. (Foto: NASA)
“Cuando pensamos en otros seres inteligentes tendemos a verlos desde nuestro tamiz perceptivo y de consciencia, sin embargo estamos limitados por nuestra visión sui géneris del mundo, y nos cuesta admitirlo”, apunta De la Torre, que prefiere evitar el término ‘extraterrestre’ por sus connotaciones hollywoodenses y usar otro más genérico, como ‘no terrestre’.
 
“Lo que intentamos con esta diferenciación es contemplar otras posibilidades –apunta–, por ejemplo, seres de dimensiones que nuestra mente no llega a captar; o inteligencias basadas en formas de materia o energía oscuras, que constituyen casi el 95% del universo y que apenas comenzamos a vislumbrar. Incluso existe la posibilidad de que existan otros universos, como indican los textos de Stephen Hawking y otros científicos”.

Los autores plantean que nuestra propia neurofisiología, psicología y conciencia pueden desempeñar un papel importante en la búsqueda de civilizaciones no terrestres, un aspecto que consideran se ha descuidado hasta ahora.

Para probarlo, realizaron un experimento con 137 personas, que tuvieron que distinguir fotografías aéreas con estructuras artificiales (edificios, carreteras…) de otras con elementos naturales (montañas, ríos…). En una de las imágenes se insertó un diminuto personaje disfrazado de gorila para ver si los participantes se daban cuenta.

Este ejercicio estaba inspirado en el que realizaron los investigadores Christopher Chabris y Daniel Simons en los años 90 para mostrar la ceguera atencional del ser humano. Un chico con un disfraz de gorila podía pasearse por delante de una escena, gesticulando, mientras los observadores estaban atareados en otra cosa (contar los pases de pelota de los jugadores con camiseta blanca), y más de la mitad no se percató.

“Es muy llamativo, pero muy significativo y representativo a la vez, cómo funciona nuestro cerebro”, apunta De la Torre, que explica como en el caso de su experimento con las imágenes los resultados fueron parecidos. “Además nuestra sorpresa fue mayor –añade–, ya que antes de hacer la prueba para ver la ceguera atencional sometimos a los participantes a una serie de preguntas para determinar su estilo cognitivo (si eran más intuitivos o racionales), y resultó que los intuitivos identificaron más veces el gorila de nuestra foto que aquellos más racionales y metódicos”.

“Si trasladamos esto al problema de la búsqueda de otras inteligencias no terrestres, surge la duda sobre si nuestra estrategia actual puede dar como resultado que no percibamos el gorila”, subraya el investigador, que insiste: “Nuestra concepción tradicional del espacio está limitada por nuestro cerebro, y puede que tengamos las señales encima y no las veamos. Quizá no estamos mirando al lugar adecuado”.

Otro ejemplo que se presenta en el artículo es una estructura aparentemente geométrica que se aprecia en las imágenes de Occator, un cráter del planeta enano Ceres famoso por sus puntos brillantes. “Nuestra mente estructurada nos dice que esa estructura parece un triángulo con un cuadrado dentro, algo que teóricamente no es posible en Ceres”, dice De la Torre, “pero quizá estemos viendo cosas donde no las hay, lo que en psicología se denomina pareidolia”.
 
Aunque el neuropsicólogo apunta otra posibilidad: “También podría darse el caso contrario. Podemos tener la señal delante y no percibirla o ser incapaces de identificarla. Si esto sucediera, sería un ejemplo de efecto del gorila cósmico. De hecho, ya podría haber sucedido en el pasado o puede estar ocurriendo ahora mismo”.

En su estudio, los autores también plantean cómo podrían ser las distintas clases de civilizaciones inteligentes. Presentan una clasificación con tres tipos basándose en cinco factores: biología, longevidad, aspectos psicosociales, avances tecnológico-energéticos y distribución en el espacio.

Un ejemplo de las de tipo 1 es la nuestra, que podría ser efímera si maneja mal la tecnología o los recursos planetarios, o si no sobrevive a un cataclismo. Pero también podría evolucionar a una civilización tipo 2, caracterizada por la larga longevidad de sus miembros, que controlan la energía cuántica y gravitatoria, manejan el espacio-tiempo y son capaces de explorar las galaxias.

“Teníamos claro que las clasificaciones existentes son demasiado simplistas y generalmente solo están basadas en el aspecto energético. El hecho de que usemos señales de radio no significa necesariamente que otras civilizaciones también las utilicen, o que el uso de los recursos energéticos y su dependencia sean los mismos que tenemos nosotros”, apuntan los investigadores, que recuerdan el carácter teórico de sus propuestas.

El tercer tipo de civilización inteligente, la más avanzada, estaría constituida por seres exóticos, con una vida eterna, capaces de crear en espacios multidimensinales y multiversos, y con un dominio absoluto de la energía y materia oscuras.



SINC
La Unión Astronómica Internacional ha aprobado los nombres de una docena de cráteres, valles y montes de Caronte, la luna más grande de Plutón. Los términos fueron propuestos por el equipo de la misión New Horizons de la NASA e incluyen algunos tan conocidos como el del cineasta Stanley Kubrick, el escritor Arthur C. Clarke, el capitán Nemo o el personaje de Dorothy Gale de El mago de Oz, además de barcos fantasma y mitológicos.



Caronte es el satélite más grande de Plutón. Con un diámetro de unos 1.215 km y un tamaño similar al de Francia, es uno de los objetos más grandes del cinturón de Kuiper, la región de cuerpos helados y rocosos que se mueven más allá de Neptuno. El nombre de Caronte hace referencia al barquero que guiaba las sombras errantes de los difuntos de un lado a otro del río Aqueronte, según la mitología griega.

Los nombres los ha propuesto el equipo de la misión New Horizons con la ayuda de una campaña abierta al público denominada 'Our Pluto'

Esta luna tiene gran cantidad de cráteres, montes y valles largos y profundos conocidos como ‘chasmas’. Ahora una docena de estas estructuras geológicas han recibido su nombre oficial por parte de la Unión Astronómica Internacional (IAU), la autoridad reconocida para nombrar a los cuerpos celestes y los elementos de su superficie.

Los nombres los había propuesto el equipo de la misión y nave New Horizons de la NASA, que llevó a cabo el primer reconocimiento de Plutón y sus satélites en 2015. Ese mismo año ya recopilaron ideas a través de una campaña on line abierta al público denominada Our Pluto, en la que participaron voluntarios de todo el mundo.

"Me complace que las características de Caronte se hayan elegido con un espíritu internacional", ha destacado Rita Schulz, presidenta del Grupo de Trabajo de la IAU para la Nomenclatura del Sistema Planetario.

Como una forma de honrar la épica exploración de Plutón y sus lunas que realizó la sonda New Horizons, muchos de los nombres característicos del sistema de este planeta enano rinden homenaje al espíritu de la exploración humana, recordando a viajeros, científicos, viajes pioneros y destinos misteriosos.

Literatura y mitología de viajes exploratorios

En el caso de Caronte, se han elegido términos centrados en la literatura y la mitología de los viajes exploratorios. Así se ha denominado Argo Chasma a una depresión que debe su nombre al barco con el que navegaron Jason y los Argonautas en busca del vellocino de oro, según se describe en la obra Las Argonáuticas.

El monte Butler Mons honra a la estadounidense Octavia E. Butler, la primera escritora de ciencia ficción que ganó una beca MacArthur. Su trilogía de Xenogenesis (Amanecer, Ritos de madurez e Imago) describe la salida de la humanidad de la Tierra y su posterior regreso.

Caleuche Chasma recibe su nombre del barco fantasma mitológico que viaja por los mares que rodean la pequeña isla chilena de Chiloé

Por su parte, Caleuche Chasma recibe su nombre del barco fantasma mitológico que viaja por los mares que rodean la pequeña isla de Chiloé, frente a la costa de Chile. Según la leyenda, el Caleuche o Barco de los Brujos recorre el litoral recogiendo a los muertos, que viajarán para siempre a bordo de la nave.

La barca Mandjet de la mitología egipcia que transportaba cada día al dios del sol Ra, uno de los primeros ejemplos mitológicos de una nave espacial, también da nombre al valle Mandjet Chasma.

Inspirado en el mundo marino, Nemo Crater lleva el nombre del capitán del Nautilus, el submarino de las novelas de Julio Verne protagonista de 20.000 leguas de viaje submarino (1870) y La isla misteriosa (1874). Y otro cráter, el Sadko Crater, reconoce al aventurero que viajó al fondo del mar en la epopeya rusa medieval Bylina.

2001: Odisea en el espacio protagoniza otras dos estructuras geológicas de Caronte. Una es el monte Kubrick Mons, para recordar al cineasta Stanley Kubrick que dirigió esa película, donde cuenta la historia de la evolución de la humanidad desde los homínidos que usaban herramientas hasta los exploradores del espacio y más allá.

El autor de la obra, Arthur C. Clarke, también aparece representado en los Clarke Montes. El prolífico escritor de ciencia ficción y de novelas futuristas es conocido por presentar imaginativas representaciones de la exploración espacial.

Dos de los montes Caronte se llamarán Kubrick y Clarke, en honor del director y autor de '2001: Odisea en el espacio'

Por su parte, el Dorothy Crater reconoce a la protagonista de la serie de novelas para niños que escribió el estadounidense Lyman Frank Baum, que sigue los viajes y aventuras de Dorothy Gale por el mágico mundo de Oz.

Nasreddin, un personaje mítico de la tradición popular sufí, una especie de antihéroe del islam protagonista de miles de cuentos populares humorísticos contados en Oriente Medio, otras partes de Asia y sur de Europa, da nombre al Nasreddin Crater.

Un caso similar es el del Pirx Crater, que ha sido bautizado así por el personaje principal de una serie de cuentos del escritor polaco Stanislaw Lem, que viaja entre la Tierra, la Luna y Marte.

Finalmente, el Revati Crater hace referencia al personaje principal de la narrativa épica hindú Mahabharata, una obra escrita alrededor del 400 a.C y considerada como la primero en la historia que incluye el concepto de viaje en el tiempo.



IAU

En 2008 se encontró un meteorito en el desierto de Nubia, en Sudán, con incrustaciones de diamante. Ahora investigadores europeos han analizado sus cristales y han comprobado que esa roca extraterrestre procede de un protoplaneta con un tamaño superior a Mercurio que existió en el primitivo sistema solar.



Los científicos suponen que en el sistema solar primitivo había decenas de protoplanetas, con un tamaño comprendido entre el de la Luna y Marte, que acabaron colisionando y formando los planetas rocosos del sistema solar, como el nuestro, mediante la acrección o acumulación de material.

Un tipo de meteorito llamado ureilita es un firme candidato para apoyar esta hipótesis, ya que se considera que procede de los desaparecidos protoplanetas, pero las muestras examinadas hasta la fecha no son concluyentes sobre ese remoto origen.

Sin embargo, ahora un equipo de investigadores europeos liderados por el profesor Farhang Nabiei de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza) ha analizado un meteorito ureilita especial, conocido como Almata Sitta. La roca es uno de los fragmentos que se recuperó en el desierto de Nubia tras la explosión de un pequeño asteroide sobre los cielos de esta región de Sudán en octubre de 2008.

Las conclusiones del estudio, que se publican esta semana en la revista Nature Communications, revelan que las incrustaciones de diamante que contiene el meteorito se originaron en un planeta perdido que circulaba por el sistema solar primitivo cuando este tenía unos 10 millones de años.

Las incrustaciones de diamante del meteorito Almata Sitta se originaron a presiones altas en un protoplaneta del sistema solar primitivo

Embrión planetario

Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron los diminutos cristales de los diamantes mediante microscopía electrónica de transmisión, una técnica con la que han descubierto que esas piedras preciosas se tuvieron que formar a presiones muy altas.

“Descubrimos incrustaciones de cromita, fosfato, sulfuro de hierro y niquel dentro del diamante, con una composición y morfología que solo se pueden explicar si se formaron a presiones superiores a los 20 gigapascales”, explica Nabiei y su equipo, que añade: “Estas presiones indican que el cuerpo padre de esta ureilita fue un embrión planetario con un tamaño entre el de Mercurio y Marte”.

Según los autores, estos hallazgos proporcionan una evidencia sobre la existencia de los grandes protoplanetas que constituyeron los bloques de construcción de los planetas terrestres que hoy vemos en el sistema solar, como la Tierra.




Microfotografía electrónica y mapas de composición de las incrustaciones de diamante en la ureilita, donde se muestra el hierro (Fe) en azul y el azufre (S) en rojo. / Farhang Nabiei et al./Nature Communications


SINC

El jefe de diseño del programa espacial tripulado chino, Zhou Jianping, afirmó que la estación contará con un núcleo y dos módulos de laboratorio.



Si todo sale según lo previsto, se espera que la estación espacial china esté lista en 2022. El jefe de diseño del programa espacial tripulado chino, Zhou Jianping, ha revelado más detalles sobre el proyecto y afirmó que la estación contará con un núcleo y dos módulos de laboratorio cuyos prototipos se están construyendo actualmente.

Tras la experiencia que adquirió China con los laboratorios espaciales Tiangong–1 y Tiangong–2, el gigante asiático ha empezado a trabajar en la estación espacial modular que ahora sabemos tendrá un módulo principal, llamado Tianhe. En él, está previsto que viva la tripulación, además de ser responsable de la navegación y orientación.

"Planeamos lanzar un módulo central de prueba alrededor de 2020 para probar las tecnologías clave para nuestra estación espacial. Después de esa prueba, lanzaremos el módulo de laboratorio 1 y el módulo de laboratorio 2 para acoplar con el módulo central", afirmó Zhou.

El módulo tendrá cinco tomas de corriente, dos de los cuáles estarán utilizadas por los módulos de laboratorio Mengtian y Wentian. Dentro de los módulos habrá instalaciones de investigación para estudiar la vida y los materiales espaciales, la microgravedad, así como la física básica y la astronomía, añadió el jefe de diseño.


Con esta estructura, la estación tendrá forma de "T". Los otros tres puertos restantes podrán usarse como naves tripuladas, de carga o para acoplar el telescopio espacial Xuntian. Al respecto, se informó que el telescopio espacial tiene una lente de dos metros de diámetro y con la misma resolución de imagen que el telescopio Hubble, pero con un campo de visión 300 veces superior.

Actualmente, la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) es la única estación en órbita de la Tierra y planea retirarse en 2024. Si para entonces los planes de China se han realizado con éxito, la estación espacial del gigante asiática sería la única que estaría operativa en 2024.



hipertextual


Los astrónomos del observatorio espacial XMM-Newton de la ESA han rastreado los halos gaseosos que rodean las galaxias en busca de materia perdida que, se cree, podría hallarse allí. Sin embargo, no han tenido éxito. ¿Dónde podría estar?

Toda la materia del Universo existe bien en forma de materia ‘normal’, bien en forma de la invisible y particularmente esquiva materia oscura, que es seis veces más abundante.

Curiosamente, los científicos que estudian galaxias cercanas han descubierto en los últimos años que contienen tres veces menos materia normal de la esperada; por ejemplo, nuestra Vía Láctea presenta menos de la mitad de la cantidad prevista.

Jiangtao Li, de la Universidad de Michigan (Estados Unidos), es el autor principal de un nuevo artículo al respecto y explica que se trata de “un misterio que preocupa desde hace mucho tiempo, que ha llevado a los científicos a hacer grandes esfuerzos para buscar esta materia perdida”.

“¿Por qué no está en las galaxias o, si está, por qué no la vemos? Y si no está, ¿dónde está? Es importante resolver este rompecabezas, ya que es una de las mayores incertidumbres en nuestros modelos, tanto del Universo temprano como de la formación de las galaxias”.

Los científicos creen que, en lugar de encontrarse en la mayor parte de la galaxia que podemos observar ópticamente, se podría hallar en una región de gas caliente que se extiende más allá, formando el halo galáctico.

Estos halos esféricos y calientes se han detectado con anterioridad, pero se trata de regiones tan tenues que resultan difíciles de observar detalladamente, ya que su emisión de rayos X se puede perder y resultar imposible de distinguir de la radiación de fondo. A menudo, los científicos observan una pequeña distancia en esta región y extrapolan los hallazgos, pero esto puede dar resultados variables y poco claros.

Jiangtao y sus colegas querían medir el gas caliente a mayores distancias con el observatorio espacial de rayos X XMM-Newton de la ESA. Estudiaron seis galaxias espirales similares y combinaron los datos para crear una galaxia con sus propiedades medias.

“De esta forma, la señal de la galaxia resulta más potente y el fondo de rayos X muestra un mejor comportamiento”, añade Joel Bregman, investigador de la misma universidad y coautor del artículo.

“Así, fuimos capaces de ver la emisión de rayos X unas tres veces más lejos que si observáramos una única galaxia, por lo que nuestra extrapolación resultó más precisa y fiable”.

Las galaxias espirales masivas y aisladas ofrecen la mejor oportunidad de buscar materia perdida. Son lo bastante masivas como para que el gas alcance temperaturas de millones de grados y así emitan rayos X, y en gran medida han evitado la contaminación con otros materiales por la formación de estrellas o la interacción con otras galaxias.

Se busca

Los resultados del equipo de científicos mostraron que, al final, el halo que rodea galaxias como las observadas no puede contener toda la materia perdida. A pesar de extrapolar casi 30 veces el radio de la Vía Láctea, siguen faltando casi tres cuartas partes de la materia prevista.

Hay dos teorías alternativas principales: o bien la materia se encuentra almacenada en otra fase gaseosa difícil de observar (quizá una fase más caliente y tenue, o una fase más fría y densa), o bien se halla en una porción del espacio que no está cubierta por nuestras observaciones actuales o que emite rayos X demasiado débiles para detectarlos.

En cualquier caso, como las galaxias no contienen suficiente materia perdida, es posible que la hayan expulsado al espacio, quizás empujadas por inyecciones de energía procedentes de la explosión de estrellas o de agujeros negros supermasivos.

“Este trabajo es importante porque contribuye a crear modelos de galaxias más realistas, lo que a su vez nos ayudará a comprender mejor cómo se formó y evolucionó nuestra propia Galaxia —reconoce Norbert Schartel, científico del proyecto XMM-Newton de la ESA— Los hallazgos de este tipo serían imposibles sin la increíble sensibilidad de XMM-Newton”.

“En el futuro, los científicos podrán añadir aún más galaxias a nuestras muestras de estudio y utilizar XMM-Newton en colaboración con otros observatorios de alta energía, como el futuro Telescopio Avanzado para la Astrofísica de Alta Energía (Athena) de la ESA, para sondear las extensas porciones de baja densidad en las fronteras de las galaxias y seguir desvelando los misterios de la materia perdida del Universo”.



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