Cat-1

Cat-2

Cat-2

Cat-1

Cat-1

Cat-2

Cat-2

Asteroides

Cometas

Latest Posts


El 24 de marzo se llevó a cabo una salida extravehicular (EVA) en el exterior de la estación espacial internacional. Protagonizada por los astronautas Shane Kimbrough y Thomas Pesquet, serviría para continuar avanzando en la preparación del complejo orbital para la llegada y unión de futuras naves comerciales.

La EVA se inició con la despresurización del módulo esclusa Quest, a las 11:16 UTC, y finalizó a las 17:58 UTC, con todas las tareas previstas completadas. Entre ellas destacó la desconexión de cuatro cables eléctricos del sistema calentador entre la zona de atraque PMA-3 y el nodo Tranquility. La NASA ha previsto el traslado del PMA-3 a otra posición, concretamente al Nodo-2 (Harmony).

Durante la EVA de seis horas y media de duración, los astronautas también lubricaron una de las piezas del brazo robótico Dextre (el Latching End Effector), sustituyeron el ordenador EXT-2 MDM (External Multiplexer/Demultiplexer) situado en el sector S0 y efectuaron otros trabajos menores, como cambiar una lámpara en uno de los vehículos CETA y varias cámaras en la plataforma exterior japonesa Kibo, trasladando un soporte. Se efectuaron asimismo revisiones visuales de determinados mecanismos.

La EVA fue la número 40 realizada desde el segmento estadounidense. Se han programado dos salidas más, el 30 de marzo y el 6 de abril. Durante la primera, Kimbrough y Peggy Whitson conectarán eléctricamente la PMA-3 con el nodo Harmony. Y durante la segunda, Whitson y Pesquet trabajarán sobre la plataforma ExPRESS Logistics Carrier, donde deberán cambiar una caja electrónica.





NCYT

Aprovechando la extrema sensibilidad del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA, en Chile), un grupo de astrofísicos ha detectado un par de galaxias tipo Vía Láctea pero en el universo distante y remoto, cuando tenía solo el 8% de su edad actual.

Ilustración de la progenitora de una galaxia como nuestra Vía Láctea, vista cuando el universo tenía sólo 1.500 millones de años. A través de su superhalo de gas hidrógeno se aprecia al fondo un brillante cuásar. (Foto: A. Angelich (NRAO/AUI/NSF))

Estas progenitoras de las galaxias espirales actuales aparecen rodeadas de superhalos de gas hidrógeno que se extienden muchas decenas de miles de años luz más allá de sus discos polvorientos repletos de estrellas. Los detalles se publican esta semana en la revista Science.

Inicialmente los astrónomos detectaron las dos galaxias analizando la intensa luz de cuásares aún más lejanos. A medida que esta luz viaja hacia la Tierra a través de estas galaxias intermedias, capta la firma espectral de su gas.

Esta técnica, sin embargo, impide ver la luz real emitida por la propia galaxia, que es superada con creces por la emisión mucho más brillante del cuásar del fondo.

"Imagina una pequeña luciérnaga delante de un potente foco de luz detrás. Eso es a lo que nos enfrentamos cuando tratamos de observar estas versiones juveniles de nuestra galaxia", explica Marcel Neeleman, investigador de la Universidad de California en Santa Cruz (EE UU) y autor principal del estudio.

Pero los instrumentos de ALMA ayudaron a solventar el problema, ya que permitieron buscar firmas de emisión infrarroja (de carbono ionizado) propias de las galaxias y que se podían distinguir de la luz brillante de los cuásares. Combinando mediciones de emisión con datos de absorción, el equipo pudo identificar los objetos de primer plano como galaxias masivas formadoras de estrellas a principios de su evolución y medir sus tasas de formación estelar.

"Ahora podemos ver las galaxias mismas, lo que nos da una oportunidad asombrosa de aprender sobre la historia más temprana de nuestra propia galaxia y otras como ella", concluye Neeleman. 




 SINC

Por primera vez, un algoritmo español, desarrollado por el investigador del IAC Sebastián Hidalgo, será utilizado en el evento de computación internacional “Global Azure Bootcamp”, en el que miles de personas se conectarán a la vez para, en esta edición, ayudar a analizar datos sobre la formación de estrellas en el Universo.

Diagrama con la distribución de estrellas donde se relaciona su luminosidad (magnitud) en función de su temperatura (color). Para un contenido en metales determinado, el diagrama color-magnitud muestra secuencias específicas donde pueden identificarse la edad de las estrellas (barra vertical, cuanto más rojas, más envejecidas). A la izquierda, diagrama color-magnitud no afectado por el emborronamiento de las observaciones donde puede determinarse la edad de las estrellas con suficiente precisión. A la derecha, el emborronamiento dificulta determinar la edad de las estrellas. (Crédito: Sebastián Hidalgo (IAC))
Un algoritmo es un conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución a un problema, ya sea matemático, informático o, incluso, astrofísico. Un conocido foro sobre estas operaciones es el evento internacional de computación distribuida “Global Azure Bootcamp”, donde se reúnen profesionales de las tecnologías de la información. El próximo tendrá lugar el 22 de abril en Madrid y con el objetivo de arrojar luz sobre la formación estelar en las galaxias mediante el procesamiento masivo de datos. Se da la circunstancia de que, por primera vez desde su creación, se ejecutará un algoritmo español, “The secret life of Galaxies: Unveiling the true nature of their star formation” (La vida secreta de las galaxias: desvelando la naturaleza de su formación estelar), desarrollado por el investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) Sebastián Hidalgo. Su aplicación servirá para conocer en detalle cómo se originan las poblaciones estelares en algunas galaxias observadas.

Unas 10.000 personas ya se han apuntado para participar en esta iniciativa gratuita y que ya ha agotado sus 400 inscripciones en la sede de Madrid. Los participantes se conectarán a la plataforma “Microsoft Azure” desde todas las sedes repartidas a lo largo del planeta y aportarán su tiempo y conocimientos de forma desinteresada para computar el algoritmo implementado.

Este multitudinario proyecto, que se lleva desarrollando desde 2013 en medio centenar de países, además de ofrecer múltiples charlas sobre el uso de la plataforma de la mano de personas expertas en la materia, se estructura en dos laboratorios prácticos: Science Lab, dedicado al procesamiento del algoritmo, y Racing Lab, un taller de videojuegos de conducción 3D. En ediciones anteriores, las investigaciones en diabetes y cáncer de mama fueron los problemas protagonistas que se computaban. Este año, lo serán las estrellas.

Las galaxias son los sistemas más grandes en el Universo, que albergan casi todos los objetos astronómicos conocidos. Entre ellos, las estrellas son sus ladrillos fundamentales ya que cumplen funciones vitales: procesan el gas, crean nuevos sistemas planetarios, forman agujeros negros y su luz hace que las galaxias sean visibles para nosotros. Las galaxias forman estrellas a lo largo de su vida y comprender cómo lo hacen es fundamental para entender sus procesos de formación y evolución que afectan, en última instancia, a todo el Universo.

Una de las formas más eficientes para probar los procesos de formación en galaxias es estudiando en detalle las propiedades de las estrellas más envejecidas, concretamente, su edad, metalicidad, composición química y cinemática. La historia de la formación estelar (SFH, por sus siglas en inglés) es clave para ello y, determinarla con precisión requiere algoritmos que puedan observar el momento justo en el que las estrellas empiezan a cambiar de color y magnitud hacia el rojo. Al observar este “giro” en el diagrama color-magnitud, que se debe a que las estrellas comienzan a agotar su combustible (hidrógeno), se puede determinar la edad y metalicidad de las estrellas más viejas de la galaxia y así obtener la historia de formación estelar del sistema desde que se formó hasta nuestros días.

Sin embargo, no es sencillo extraer datos precisos de la luz que nos llega del Universo y los equipos de investigación se enfrentan a algunos obstáculos al analizarla. Las incertidumbres asociadas a las observaciones, la precisión de los modelos o la limitación en la ejecución de los códigos inciden sobre la precisión en las historias de formación estelar. Debido a esto, algunas características de la formación estelar en las galaxias quedan “ocultas” y dificultan la interpretación de los resultados.

“El objetivo del algoritmo desarrollado en el IAC y que va a ser probado en el Science Lab –explica Sebastián Hidalgo- es precisamente limitar el impacto de todos estos efectos para poder comparar la predicción de los modelos con las observaciones de forma más directa. Es un proceso que requiere de un número muy elevado de pruebas y que sólo puede ser realizado en un entorno de computación distribuida.” Al término del evento, se recopilarán los datos para extraer la información y proceder a su tratamiento.

El Grupo de Poblaciones Estelares del IAC es pionero en el desarrollo de códigos para la obtención de historias de formación estelar. Junto a Antonio Aparicio, también investigador del IAC y de la Universidad de La Laguna (ULL), Sebastián Hidalgo lleva una década desarrollando estos códigos que diferentes grupos de investigación internacionales utilizan.



 IAC

Un equipo de investigadores usó el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) (Chile) para obtener una imagen de radio de un “agujero” alrededor de un cúmulo galáctico situado a 4.800 millones de años luz de la Tierra. Se trata de la imagen de mayor resolución obtenida a la fecha de un agujero de este tipo, provocado por el efecto Sunyaev-Zel'dovich (efecto SZ). La imagen demuestra la capacidad de ALMA para estudiar la distribución y la temperatura del gas presente alrededor de los cúmulos de galaxias a través del efecto SZ.

La imagen muestra la medición del efecto SZ en el cúmulo galáctico RX J1347.5-1145 obtenida con ALMA (azul). (Créditos: ALMA(ESO/NAOJ/NRAO), Kitayama et al., telescopio espacial Hubble NASA/ESA)
Un equipo de investigación dirigido por Tetsu Kitayama, profesor de la Universidad Toho (Japón), usó ALMA para estudiar el gas caliente de un cúmulo galáctico. Este gas es un elemento clave para comprender la naturaleza y la evolución de los cúmulos galácticos. Aunque no emite ondas de radio detectables por ALMA, el gas caliente dispersa las ondas de radio del fondo cósmico de microondas y produce un “agujero” alrededor del cúmulo galáctico. Es el llamado efecto Sunyaev-Zel'dovic.

Los investigadores observaron el cúmulo galáctico RX J1347.5-1145 conocido por su fuerte efecto SZ, y lo han estudiado reiteradas veces con radiotelescopios. Por ejemplo, el radiotelescopio Nobeyama de 45 metros, operado por el Observatorio Astronómico Nacional de Japón, reveló una distribución desigual del gas caliente en este cúmulo, un fenómeno que no se había detectado en las observaciones de rayos X. Para entender mejor esta heterogeneidad, los astrónomos necesitan realizar observaciones de mayor resolución. Sin embargo, los objetos relativamente homogéneos y amplios como el gas caliente de los cúmulos galácticos son difíciles de observar en alta resolución con radiointerferómetros.

Para solucionar este problema, ALMA usó el Atacama Compact Array, también conocido como Morita Array, la mayor contribución japonesa al proyecto. Sus antenas de menor diámetro y su configuración más compacta permiten obtener un campo de visión más amplio. Con los datos de este observatorio, los astrónomos pueden medir con precisión las ondas de radio de objetos que describen un ángulo amplio en el cielo.

Con ALMA, los astrónomos obtuvieron una imagen del efecto SZ de RX J1347.5-1145 con el doble de resolución y una sensibilidad diez veces superior a la de las observaciones anteriores. Esta es la primera imagen de un efecto SZ generada por ALMA, una imagen que se condice con las observaciones anteriores e ilustra mejor la distribución de la presión en el gas caliente. La imagen demuestra la gran capacidad de ALMA para observar el efecto SZ y revela que se está produciendo una colisión gigante en el cúmulo galáctico.

“El efecto SZ se predijo por primera vez hace cerca de 50 años”, explica Kitayama. “Es un efecto muy débil y ha sido muy difícil obtener imágenes de alta resolución. Gracias a ALMA, esta vez dimos un gran y esperado paso en la búsqueda de un nuevo camino para estudiar la evolución cósmica”.




 OBSERVATORIO ALMA/DICYT

Iván Herrero Durá, estudiante de doctorado del campus de Gandia de la Universitat Politècnica de València (España), desarrollará parte de su trabajo de investigación en el centro técnico de la Agencia Espacial Europea (ESA) en Holanda, gracias al acuerdo firmado entre la UPV y la ESA dentro del programa Networking / Partnering Initiative (NPI).

Un cohete Ariane-5. (Foto: Arianespace)

El joven ingeniero se integrará en un proyecto que están llevando a cabo investigadores de la UPV, pertenecientes al Instituto para la Gestión Integrada de Zonas Costeras (IGIC) y al Instituto Universitario de Matemática Pura y Aplicada (IUMPA), junto al European Space Research and Technology Centre de la ESA en Holanda, así como empresas del sector espacial. El objetivo es estudiar nuevos métodos que permitan reducir el ruido de los cohetes en las bases de lanzamiento.

“El ruido que produce un cohete espacial al despegar es atronador, tanto que las vibraciones perjudican gravemente al instrumental a bordo, y pueden llegar a poner en peligro la misión, con el consecuente riesgo (también económico) que ello conlleva. Así pues, el objetivo principal del proyecto será reducir de forma significativa ese ruido generado en las primeras fases del lanzamiento”, apunta Iván Herrero.

En concreto, según añade Rubén Picó, investigador del IGIC en el campus de Gandia de la UPV, el trabajo se centrará en la caracterización de la reflexión y absorción del sonido por medio de dispositivos que puedan servir para reducir esa contaminación acústica que se produce en las lanzaderas.

“En un lanzamiento de cohetes espaciales se alcanzan más de 150 dB de nivel de presión sonora a ciertas frecuencias. Se trata del evento sonoro de mayor nivel producido por el ser humano, únicamente superado por algunos eventos naturales como los terremotos”, apunta Rubén Picó.

El proyecto ha comenzado con una prueba de concepto, es decir, experimentos a escala de laboratorio de los sistemas que se pretende estudiar. Entre estos sistemas, se encuentran los cristales de sonido, sistemas resonantes o sistemas de inyección de agua.

“Tras el estudio de las distintas opciones, se realizará una propuesta a mayor escala de aquellos dispositivos que presenten resultados más positivos con el propósito de seleccionar finalmente aquel que implique una mayor reducción del nivel de ruido en la base de lanzamiento”, concluye Rubén Picó.

En el programa Networking / Partnering Initiative, de gran prestigio, participan universidades e institutos de investigación en tecnologías avanzadas con aplicaciones potenciales en el espacio, y la ESA aporta una parte de la financiación.

“El objetivo es fomentar una mayor interacción entre la ESA, las universidades europeas, los institutos de investigación y la industria. El programa NPI ofrece una oportunidad importante para que el sector espacial aproveche las potenciales innovaciones de las nuevas tecnologías de los sectores no espaciales como la acústica”, explica Rubén Picó. 



 UPV/DICYT

En la niñez, aprendimos a identificar a los distintos planetas de nuestro sistema solar a través de algunas de sus características principales. Por ejemplo, sabemos que Júpiter es el más grande y que Saturno tiene anillos muy vistosos. Marte, por su parte, es rojo, pero es posible que ese mundo, vecino de la Tierra, también tuviera anillos en alguna época de su pasado, y podría tenerlos de nuevo algún día.

Fobos. (Foto: NASA)

Esa es la teoría propuesta por el equipo de David Minton y Andrew Hesselbrock, de la Universidad Purdue en West Lafayette, Indiana, Estados Unidos. El modelo que estos científicos han desarrollado sugiere que los "escombros" que fueron enviados al espacio en la colisión de un asteroide u otro cuerpo contra Marte hace unos 4.300 millones de años van alternando entre convertirse en un anillo planetario y agruparse mucho más hasta formar una luna.

Una teoría sugiere que la gran Cuenca Polar del Norte (Cuenca Borealis) de Marte, que cubre alrededor del 40 por ciento del planeta en su hemisferio norte, fue creada por ese impacto, enviando escombros al espacio.

El gran choque habría enviado suficiente material desde la superficie de Marte como para formar un anillo, según los cálculos realizados por estos científicos.

El modelo de Hesselbrock y Minton sugiere que a medida que se formaba el anillo, y que los escombros se alejaban lentamente del Planeta Rojo y se esparcían, estos se iban agrupando, hasta que acabaron conformando una luna. Con el paso del tiempo, el tirón gravitatorio de Marte habría atraído a esa luna hacia el planeta hasta alcanzar el límite de Roche, la distancia al planeta por debajo de la cual las fuerzas de marea de dicho planeta destrozan un cuerpo celeste cuya cohesión se conserve esencialmente solo por efecto de su gravedad.

Fobos, una de las lunas de Marte, se está acercando al planeta. Según el modelo, no resistirá el tirón gravitatorio del Planeta Rojo, y se fragmentará al alcanzar el límite de Roche, esparciéndose sus pedacitos por una franja orbital alrededor de Marte, hasta convertirse en un conjunto de anillos dentro de unos 70 millones de años. Dependiendo de dónde esté el límite de Roche, Minton y Hesselbrock creen que este ciclo podría haberse repetido entre tres y siete veces a lo largo de los varios miles de millones de años de historia de Marte. Cada vez que una luna se deshacía y se volvía formar a partir del anillo resultante, la sucesora sería cinco veces más pequeña que la última, según el modelo, y caerían escombros sobre el planeta. Esto último podría explicar los enigmáticos depósitos sedimentarios encontrados cerca del ecuador de Marte.



NCYT

Esta imagen muestra el altísimo nivel de detalle con que la sonda internacional Cassini está estudiando los anillos de escombros helados que rodean Saturno, al efectuar una serie de órbitas cercanas dedicadas en exclusiva a su observación.

Aquí vemos una región del anillo B de Saturno con el doble de detalle que lo visto hasta ahora, revelándonos toda la riqueza de su estructura.

Los anillos de Saturno están compuestos en su mayor parte por hielo de agua de muy distinto tamaño, desde partículas similares a una mota de polvo hasta rocas de decenas de metros de diámetro. Algunos de los patrones vistos en los primeros planos de los anillos fotografiados por Cassini se deben a interacciones gravitatorias con las numerosas lunas de Saturno, pero muchas de sus características carecen de explicación.

Se espera que Cassini proporcione en los próximos meses toda una biblioteca de imágenes con nuevos detalles de los anillos, que permitirán a los científicos saber más sobre estos misteriosos patrones.

Las órbitas rozando los anillos comenzaron el pasado noviembre y se extenderán hasta finales de abril, cuando empiece la gran fase final de la misión. En las 22 órbitas finales, Cassini atravesará progresivamente la brecha entre los anillos y Saturno, antes de sumergirse en la atmósfera del planeta a mediados de septiembre para concluir su increíble odisea de 13 años en el sistema saturniano.

Esta imagen fue capturada en luz visible por la cámara de gran angular de Cassini el 18 de diciembre de 2016, a una distancia de unos 51.000 km de los anillos, apuntando hacia el lado no iluminado. La escala de la imagen es de unos 360 m/píxel.

Para poder conservar todos los detalles de la imagen, esta no se ha procesado para eliminar las pequeñas manchas brillantes causadas por los rayos cósmicos y la radiación de partículas cargadas en las proximidades del planeta.

Cassini-Huygens es una misión conjunta de la NASA, la ESA y la ASI, la agencia espacial italiana. Esta imagen fue publicada por primera vez el 30 de enero de 2017.



 esa

Una protoestrella masiva acaba de brotar desde las profundidades de una polvorienta incubadora de estrellas, pasando a emitir un brillo 100 veces más fuerte que antes. Este brote, aparentemente gatillado por una avalancha de gas incubador al estrellarse contra la superficie de la protoestrella, avala la teoría de que las jóvenes estrellas pueden experimentar un crecimiento repentino que cambia el aspecto del medio en que se generan.

Protoestrella brilla intensamente y modifica su incubadora. (Créditos: ALMA (ESO/NAOJ/NRAO), T. Hunter; C. Brogan, B. Saxton (NRAO/AUI/NSF); NASA Spitzer)

Los astrónomos hicieron este hallazgo comparando las nuevas observaciones del Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), ubicado en Chile, con observaciones anteriores del Submillimeter Array (SMA) de Hawái.

“Fuimos increíblemente afortunados de detectar esta espectacular transformación de una estrella joven y masiva”, celebra Todd Hunter, astrónomo del Observatorio Radioastronómico Nacional de Estados Unidos (NRAO, en su sigla en inglés), en Charlottesville, Virginia, E.E. U.U., quien firmó en calidad de autor principal un artículo publicado en la revista The Astrophysical Journal Letters. “Al estudiar una densa nube incubadora con ALMA y el SMA, pudimos observar que ocurrió una dramática modificación, cambiando por completo el aspecto de la incubadora de estrellas en un lapso sorprendentemente corto”.

En 2008, antes de que ALMA inicie sus operaciones, Hunter y sus colegas usaron el SMA para observar una pequeña pero activa porción de la nebulosa Pata de Gato (también conocida como NGC 6334), un complejo incubador de estrellas situado a unos 5.500 años luz de la Tierra en dirección de la constelación austral de Escorpio. Esta nebulosa se asemeja en muchos aspectos a su prima, la nebulosa de Orión, que también rebosa de estrellas jóvenes, cúmulos estelares y densos núcleos de gas a punto de convertirse en estrellas. Sin embargo, la nebulosa Pata de Gato fabrica estrellas a un ritmo más acelerado.

Las observaciones iniciales que realizó el SMA de esta parte de la nebulosa, conocida como NGC 6334I, revelaron lo que parecía ser un típico protocúmulo: una densa nube de polvo y gas que albergaba varias estrellas en etapa de crecimiento.

En estas zonas bien compactas se forman estrellas cuando las bolsas de gas se vuelven tan densas que empiezan a colapsar bajo el efecto de su propia gravedad. Con el tiempo, alrededor de estas estrellas en gestación se van formando discos de polvo y gas que transportan material hasta la superficie de las estrellas y las ayudan a crecer.

Pero este proceso puede no ser del todo lento y constante. De hecho, los astrónomos ahora creen que las estrellas jóvenes también pueden experimentar un crecimiento repentino adquiriendo masa rápidamente al tragar gas incubador.

Las nuevas observaciones realizadas con ALMA en 2015 y 2016 revelaron los drásticos cambios ocurridos en una parte del protocúmulo llamado NGC 6334I-MM1 desde que se realizaran las observaciones con el SMA. Ahora esta región es unas cuatro veces más brillante que antes en las longitudes de onda milimétricas, lo que significa que la protoestrella central es cerca de 100 veces más luminosa.

Los astrónomos especulan que este brote repentino fue impulsado por un cúmulo de material inusualmente grande que entró en contacto con el disco de acreción de la estrella y provocó un atasco de polvo y gas. Tras acumularse grandes cantidades de material, el tapón estalló y lanzó una avalancha de gas hacia la estrella en gestación.

Este fenómeno de acreción extrema aumentó considerablemente la luminosidad de la estrella y calentó el polvo que la rodeaba. Este polvo caliente y brillante fue lo que observaron los astrónomos al usar ALMA. Aunque se han observado fenómenos similares en luz infrarroja, esta es la primera vez que se detecta en longitudes de onda milimétricas.

Para cerciorarse de que los cambios observados no eran simplemente el resultado de diferencias entre los telescopios o un error de procesamiento de datos, Hunter y sus colegas usaron los datos de ALMA como modelo para simular con precisión lo que el SMA habría observado –con sus capacidades más modestas– si hubiese realizado operaciones similares en 2015 y 2016. Al restar digitalmente las imágenes obtenidas por el SMA en 2008 de las imágenes simuladas, los astrónomos confirmaron la existencia de un cambio considerable y constante en una parte del protocúmulo.

“Una vez que nos aseguramos de estar comparando los dos conjuntos de observaciones en condiciones iguales, supimos que éramos testigos de un período muy especial en el crecimiento de una estrella”, cuenta Crystal Brogan, también del NRAO y coautora del artículo.

El Hartebeesthoek Radio Astronomy Observatory, ubicado en Sudáfrica, aportó datos complementarios de este fenómeno. Este observatorio, dotado de una sola antena, estaba monitoreando las señales de radio de máseres de la misma región. Los máseres son fenómenos cósmicos de radio naturales equivalentes a los láseres. Son generados por una serie de procesos energéticos en todo el Universo, incluidos los brotes de estrellas que experimentan un crecimiento acelerado.

Los datos del observatorio Hartebeesthoek revelaron un incremento repentino en las emisiones de máser de esta región a comienzos de 2015, apenas algunos meses antes de la primera observación de ALMA. Es exactamente lo que los astrónomos esperarían ver en una protoestrella que experimenta un rápido estirón en su proceso de crecimiento.

“Estas observaciones sustentan la teoría de que la formación estelar está marcada por una secuencia de acontecimientos dinámicos a partir de los cuales se forman las estrellas, más que por un crecimiento continuo y parejo”, concluye Hunter. “También nos enseña que es importante monitorear las estrellas jóvenes en longitudes de onda milimétricas y de radio porque estas nos permiten acceder a las regiones incubadoras más jóvenes y profundas. La observación de estos fenómenos en etapa inicial puede revelar nuevos fenómenos del proceso de formación estelar”.

Los hallazgos de esta investigación se recogen en un artículo titulado "An extraordinary outburst in the massive protostellar system NGC6334I-MM1: Quadrupling of the millimeter continuum" (‘Un extraordinario brote estelar en el sistema protoestelar masivo NGC6334I-MM1: cuadruplicación del continuo milimétrico’) de T.R. Hunter et al., publicado en The Astrophysical Journal Letters [https://arxiv.org/abs/1701.08637].



OBSERVATORIO ALMA/DICYT

Dos grupos de segundo de ESO del IES El Calero, en Telde (Gran Canaria) (España), han descubierto, junto a su profesor de Matemáticas, dos nuevos sistemas binarios eclipsantes, gracias a observaciones realizadas con el telescopio CNL1 del Observatorio de la Agrupación Astronómica de Gran Canaria (AAGC), dos telescopios de 40 centímetros pertenecientes a la red Las Cumbres Observatory Global Telescope (LCOGT), uno en el Observatorio del Teide (Tenerife) y otro en Hawaii, y datos de archivo. Estos alumnos y alumnas se han convertido en los más jóvenes del mundo en lograr semejante hazaña dentro de un proceso de Educación Formal, existiendo precedentes a tan temprana edad solo en campamentos especiales para alumnado con talento matemático de distintas Universidades de Estados Unidos o en iniciativas particulares.

Impresión artística de un sistema binario eclipsante de contacto. (Crédito: ESO/L. Calçada)

Los dos sistemas descubiertos se encuentran en la constelación de Andrómeda y son estrellas binarias eclipsantes de contacto, pares de estrellas que orbitan en torno a un centro de masas común y que están tan cerca la una de la otra que llegan a tocarse y compartir su capa exterior de gas. Además, el movimiento de estas estrellas en su órbita se produce en el mismo plano en el que se encuentra la Tierra, lo que provoca eclipses en nuestra dirección de visión. Al estar las estrellas tan juntas, las vemos como un único objeto y lo que se observa son variaciones en el brillo del sistema debidas a los eclipses. Por este motivo, las binarias eclipsantes de contacto se clasifican dentro de las estrellas variables.

El proyecto, que recibió el nombre de ‘Mi primer descubrimiento’, fue diseñado por Carlos Morales Socorro, profesor de Matemáticas del IES El Calero, con la colaboración de la AAGC, de la que es miembro. “Con este proyecto- explica Carlos- perseguíamos varios objetivos: que el alumnado aprendiera y aplicara elementos matemáticos de diferentes bloques de contenido bajo un enfoque STEM -siglas en inglés de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas- , estando todo el proceso orientado a la realización de un descubrimiento científico y, por último, que conocieran algo que forma parte de su patrimonio: el cielo, algo que desgraciadamente no se está cuidando en la isla de Gran Canaria”.

La experiencia consistió en seleccionar varios campos de observación, capturar la luz de las estrellas en esos campos durante un período de tiempo largo usando varios telescopios, unir las observaciones con datos de archivo del catálogo Northern Sky Variability Survey (NSVS) y analizar las curvas de luz obtenidas para ver si había estrellas variables. Una vez localizadas varias candidatas, los alumnos determinaron de qué tipo de estrella variable se trataba, estimaron su periodo y realizaron su caracterización matemática. El resultado fue el descubrimiento de dos nuevas estrellas variables, GSC 03224-01689 y TYC 3224-2619-1, del tipo binaria eclipsante de contacto, con periodos de 10,3 y 20,2 horas respectivamente.

Los datos fueron enviados al sitio web International Variable Star Index (VSX) de la American Association of Variable Star Observers (AAVSO), que es la organización que recoge, evalúa y publica las observaciones de estrellas variables, manteniendo una base de datos internacional utilizada tanto por astrónomos profesionales como aficionados. Esta asociación verificó que las estrellas no estaban clasificadas previamente como variables, reconociendo los descubrimientos y otorgando certificados al alumnado y profesor del IES El Calero.

La idea de acercar la ciencia a estudiantes de enseñanzas medias a través de la Astronomía es también la base del Proyecto Educativo con Telescopios Robóticos (PETeR) del IAC, del que el IES El Calero forma parte y gracias al cual pudieron realizar observaciones con los telescopios de la red LCOGT. “Estas alumnas y alumnos han hecho una contribución real a la ciencia”, apunta Nayra Rodríguez Eugenio, coordinadora científica de PETeR. “En este proyecto estamos convencidos de que introducir la enseñanza de la ciencia, de una forma amena y práctica, mediante proyectos científicos reales, en primaria y secundaria es fundamental para incentivar las vocaciones científico-tecnológicas y cambiar la idea de que asignaturas como Matemáticas o Física son aburridas”.

En ese mismo sentido, Ángel Luis Marrero Corujo, miembro de la AAGC que ha colaborado en el proyecto, comenta en relación a los descubridores “ya pueden decir que tienen algo en común con Galileo y Newton, y es que han contribuido, aunque sea de forma modesta, a la ampliación del conocimiento del universo que nos rodea”. 



 IAC

Diversas observaciones realizadas durante la pasada década han demostrado que cuando el universo tenía menos de 800 millones de años ya existían agujeros negros extremadamente masivos. Los que se hallan en el centro de las galaxias suelen poseer masas equivalentes a millones e incluso miles de millones de veces la del Sol, mientras que aquellos que se forman cuando el núcleo de una estrella destruida por una explosión de supernova se derrumba sobre sí mismo, tienen entre 5 y 20 masas solares aproximadamente.

Ilustración de la formación de un agujero negro supermasivo muy cerca de una protogalaxia. (Imagen: J. Wise (Georgia Tech) & J. Regan (Dublin))

La existencia de agujeros negros extremadamente masivos en el universo muy temprano es sorprendente dado que, para un agujero negro de masa estelar (decenas de veces la del Sol), recién creado, no hay una forma factible de crecer hasta tener millones o incluso miles de millones de masas solares en el limitado tiempo disponible.

Un agujero negro crece de forma más eficaz a través de la acreción de gas, pero cuando este se acerca mucho al agujero negro, se calienta sobremanera debido a las fuerzas de fricción y por el fuerte campo gravitatorio. El gas caliente resultante genera intensas emisiones de radiación, y una parte de esta ejerce una fuerte presión de radiación, evitando que caiga más gas.

Así pues, aunque cerca de un agujero negro haya mucho gas disponible para caer a él, la masa de este no puede crecer a un ritmo tan rápido como para pasar en poco tiempo de una masa estelar a la detectada en los misteriosos agujeros negros supermasivos de la infancia del universo, dado que demasiada acreción (captura de materia hasta conformar un disco de ella que gira alrededor del agujero y del que va cayendo materia a este) acarrea que se generen violentas ráfagas de radiación que repelen al gas cercano al agujero negro.

Durante los últimos años se ha desarrollado un modelo alternativo para explicar la formación de agujeros negros supermasivos en el universo temprano. En este llamado “modelo de agujero negro por colapso directo”, nubes muy grandes de gas con masas de entre 10.000 y 100.000 masas se derrumban sobre sí mismas por el efecto desbocado de la propia gravedad que generan, y la compresión que sufren va mucho más allá de la que conduce a la formación de una estrella a partir de una nube gas. El proceso comprime la enorme masa de gas de tal modo que se acaba creando un agujero negro directamente.

Una condición previa para este colapso directo es que el enfriamiento del gas sea muy ineficiente, o de lo contrario la nube se fragmentaría y produciría estrellas. En el universo muy temprano, la única forma de enfriar gas a bajas temperaturas era a través de la emisión de hidrógeno molecular.

El equipo de Peter Johansson, de la Universidad de Helsinki en Finlandia, ha desarrollado un nuevo modelo de simulación para describir en mayor detalle la formación de los agujeros negros supermasivos en el universo temprano, y explicar algunas cuestiones que hasta ahora eran cabos sueltos.

En la nueva investigación, se muestra por primera vez que la formación casi simultánea de dos galaxias puede llevar a una situación en la que la radiación de la primera es capaz de destruir el hidrógeno molecular en la segunda justo en el momento adecuado. De esta forma, se puede formar una semilla de agujero negro masivo a través de colapso directo en esta segunda galaxia, y dicho agujero negro puede aumentar su masa de forma lo bastante rápida como para alcanzar valores del orden de mil millones de veces la masa del Sol en la temprana época del universo de la cual datan los citados agujeros supermasivos observados.



NCYT

Sol

Sol

Feature

Cat-5

Cat-5

Po qué...

Anecdotas de Newton

Einstein